Hoy, mi columna va a ser diferente a las columnas a las que os tengo acostumbrados. Porque suelo hablar de los éxitos (y los pocos fracasos) de los pilotos españoles, pero hoy quiero hacerlo de un recién llegado al podio. Quizá deba solo susurrar su nombre, como ocurre con el malo de la película. Lo diré bajito: Simoncelli. El campeonato y la carrera se explican por sí solos tras lo sucedido este domingo. Así que hablaré de este personaje nuevo en el cajón; tarea nada fácil este año, por cierto. Basta decir que después de todas las historias que hemos contado, de todos los escenarios vividos con él, Simoncelli (lo susurro) es uno de esos seres a los que solo puedes adorar o detestar. Sobre todo, en el caso de los aficionados españoles, algo que tiene cierta lógica. Pero me temo que ha venido para quedarse. Y creo que incluso los moteros españoles, a pesar de lo sucedido con Pedrosa y con Lorenzo, pueden divertirse mucho con él, con ese pelo tan característico, con sus andares y con su forma de hablar.
Tomada de:
Simoncelli, un tipo grande









