Desde hace poco más de 20 años, Samuel Treviño Mora, investigador de la Facultad de Ciencias Químicas (FCQ) de la BUAP, ha colaborado en el desarrollo de importantes proyectos científicos que buscan contrarrestar algunos de los más serios problemas de salud pública a nivel mundial: diabetes mellitus, obesidad y síndrome metabólico.
Originario de Burgos, Tamaulipas, con 37 años de edad forma parte de un consolidado grupo académico que ha declarado la guerra a estos grandes males derivados de un mal metabolismo. Actualmente analiza sus efectos a nivel cerebral y ha podido ver que la diabetes es tan sólo una de las tantas patologías en las que puede desembocar: “el Alzheimer o el Parkinson se derivan de un metabolismo alterado, agredido durante muchos años”.
Profesor de la FCQ, donde estudió su licenciatura, más tarde la maestría y actualmente el doctorado, Treviño Mora se especializa en la investigación de problemas metabólicos, padecimientos que son una amenaza para la salud. Por ejemplo, tan sólo la diabetes afecta a más de 382 millones de personas en el mundo, cifra que se incrementa año con año.
Cada día, de 7:00 a 23:00 horas, el investigador dispone de su energía para continuar con su labor científica, tarea que ha cristalizado en la solicitud de registro de cinco patentes. Con ese empeño encabezó un proyecto cuyo propósito fue la elaboración en un alimento Hiperglúcido Hipercalórico -en vías de ser patentado-, capaz de inducir en animales desórdenes metabólicos como dislipidemia, disglucemias en diferentes grados, resistencia a la insulina, incremento de la presión arterial, sobrepeso y obesidad, entre otros, para conocer su impacto y obtener una muestra experimental útil a los grupos enfocados a la investigación de dichas patologías.
Treviño Mora colaboró también en la formulación del Decavanadato de 4-dimetilaminopiridinio: un metalofármaco que dispone de las propiedades insulino-miméticas de los compuestos de vanadio; es decir, es una molécula que en organismos animales se comporta como la insulina y que por sus características innovadoras se solicitó el registro de la patente ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial.
Asimismo, trabajó en lo que sería la tercera solicitud de registro de patente: la combinación de la molécula de Decavanadato con un fármaco comercial llamado Metformina (sustancia que reduce los niveles de glucosa en el organismo humano), con el propósito de disminuir los efectos secundarios del fármaco ya que éste distribuye lípidos a diferentes tejidos que no deberían tenerlos.
Con otros científicos de la BUAP solicitó el registro de patente de otras dos invenciones: un método no invasivo para la detección y control de la diabetes en México, que consiste en el uso de un dispositivo para celular con capacidad para medir el nivel de glucosa sin necesidad de una muestra sanguínea; y, finalmente, una técnica para la identificación y recuperación de bacterias patógenas Uroepiteliales en adherencia y desarrollo intracelular.
Treviño Mora, el ajonjolí de todos los moles
A nivel mundial, los problemas metabólicos son abordados por diferentes centros de investigación, públicos y privados, pues de su estudio saldrán soluciones.
La actividad científica de Treviño Mora, investigación básica clínica, se ajusta a este esquema global. Sin embargo, su método de trabajo le permite dar un enorme salto: convertir el conocimiento en aplicaciones que impacten directamente en la salud de los pacientes.
“Si uno hace investigación básica, puede explicar mejor los fenómenos clínicos; y si el clínico conoce mejor el fenómeno, puede remediar más rápido las cosas. El clínico tiene el contacto directo con el paciente, mientras que el investigador sólo ve ratones, células, animales. Cuando haces esto por separado, el proceso de aterrizar el conocimiento en soluciones prácticas implica mucho tiempo, años quizá”, explica Treviño Mora.
Actualmente analiza los efectos de un mal metabolismo a nivel cerebral y ha podido ver que la diabetes es tan sólo una de las tantas patologías en las que puede desembocar: “el Alzheimer o el Parkinson se derivan de un metabolismo alterado, agredido durante muchos años”. Asimismo estudia los efectos del consumo de edulcorantes artificiales, sustitutos del azúcar natural, que, de palabras del experto, causan más alteraciones que beneficio real.
El autonombrado ajonjolí de todos los moles considera importante la investigación en esta materia, pues el cáncer, los daños cerebrales, los paros cardiacos y las enfermedades neurodegenerativas, entre otros padecimientos, son resultado, en muchos casos, de un metabolismo afectado por malos hábitos.
Su primer contacto con la ciencia lo tuvo a la edad de 17 años, antes de entrar a la que sería su segunda casa: la Facultad de Ciencias Químicas. Aún era estudiante de preparatoria cuando ingresó al Instituto de Ciencias de la BUAP para trabajar durante dos años con bichos.
Posteriormente solicitó un espacio para complementar su formación en el Hospital Universitario de Puebla, donde se enfocó en la investigación en ciencias microbiológicas. Más tarde, ya en licenciatura, gracias a la fotografía microscópica se apasionó primero por el estudio de la sangre (hematología) y después por el de la orina.
“Viendo infecciones de vías urinarias, bacterias y microbios, me encaminé por el área clínica y estudié la estructura y la función renal (la nefrología)”, relata. Tras conocer la nefropatía diabética, una cosa llevó a la otra, y terminó en el estudio del metabolismo.
En su doctorado estudia los metales pesados presentes en el ambiente, como el cadmio, el cual está influyendo en páncreas derivando a su vez en diabetes. Todo, desde donde se le mire, termina convirtiéndose en algún problema metabólico.
¿Quién no tiene un familiar, amigo o conocido con este padecimiento? Sería imposible conocer a alguien que no conozca a algún enfermo de diabetes–comenta. Y agrega: “por eso, es un asunto que debe ser atendido por el científico de hoy.









