La empresa familiar está condenada a morir en la primera generación sin plan de sucesión, advirtió Jorge Durán del Centro de Investigación de Empresas Familiares de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP).
En el taller “Empresas familiares exitosas en el mundo”, organizado por UDLAP y Coparmex, el especialista comentó que los herederos pueden consolidar el negocio del padre o del abuelo mediante planeación (al menos 7 años antes) y ejecución de estrategias empresariales.
Dijo que decisiones apresuradas y las improvisaciones son peligrosas en una empresa que vive un proceso de transición, de modo que recomendó asesorarse sobre fortalezas y debilidades del cambio generacional con expertos en la materia.
Las empresas familiares consolidadas en Puebla cumplen entre 25 y 30 años de vida. Nueve de cada diez corren riesgo de desaparecer sin una sucesión bien planeada.
Una encuesta aplicada a 70 dueños de empresas familiares en el estado, reveló que 63 por ciento de los empresarios no tiene proyectado la sucesión, el 44 por ciento anticipa cambio generacional de uno a cinco años y el resto se proyecta hasta dos décadas después.
En México hay riesgo de que las empresas sean devoradas por grandes consorcios o el desconocimiento de los hijos conduzca a la quiebra de las compañías.
PATRICIA ESTRADA SÁNCHEZ









