
El Cocotrón y el Sumotrón son proyectos que la Institución promueve con el fin de difundir la cultura científica y tecnológica. Son mecanismos que Daniel Mocencahua Mora, investigador de la Facultad de Ciencias de la Electrónica (FCE) de la BUAP, inició con la convicción de acercar y «atrapar» a chicos y grandes en el mundo de la robótica.
«Ya tenemos que ir pensando de qué forma conviviremos con los robots», comentó Mocencahua Mora, quien además de impartir clases de matemáticas y dirigir trabajos de investigación, también coordina el Departamento de Gestión del Conocimiento a través del uso de ambientes virtuales de aprendizaje: una red social virtual adaptada para trabajos académicos; «un proyecto único que todos los profesores de la Facultad utilizan», indicó el Investigador.
No obstante, parte de las actividades del Investigador se centran en liderar al Hibercubo, un grupo de jóvenes de la FCE que se encargan de divulgar temas de robótica en niños; «el objetivo es hacerles ver que acercarse al mundo de la tecnología no es difícil».
Para ello, organizan el Cocotrón, actividad que cumplirá diez años en el que «los jóvenes exponen animatronics (máquinas que parecen estar animadas en lugar de robotizadas) disfrazados de personajes alusivos al día de muertos con la narración de su respectiva leyenda».
En sus últimas ediciones realizadas en el Complejo Cultural Universitario de la BUP, el Cocotrón tuvo la asistencia de aproximadamente dos mil personas por día; «hubo leyendas muy bonitas que los muchachos rescataron y que no conocíamos. Esto se hace para romper con la vieja creencia de que los ingenieros no deben tener una formación cultural», indicó el Académico.
En otro sentido Mocencahua Mora informó que el Sumotrón es un proyecto más joven que consiste en enfrentar a prototipos mecatrónicos en una pelea parecida a las luchas de sumo; «resultan ganadores aquellos que destacan con su estrategia de equipo y el diseño de sus robots».
Estas actividades reflejan el interés de Mocencahua (así conocido por sus alumnos) en potencializar la vocación científica; quiere que las personas no sólo sean capaces de disfrutar la tecnología, sino también de desarrollarla; «hay más opciones de carreras profesionales que las tradicionales», recalcó.
Mocencahua es un matemático BUAP nato, pues sus estudios, desde licenciatura hasta doctorado, han sido en la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la Universidad. Aunque no está especializado en robótica, su interés y pasión le nació desde pequeño: «cuando era niño leía libros y cómics de robots; nunca pensé que algún día tendría en mis manos alguno de ellos».
Y aún continua con ese interés pues lee literatura de ficción: «Isaac Asimov (escritor que usara por primera vez el término de robótica) es uno de mis autores favoritos; también leo libros de Stanis³aw Lem y Horacio Porcayo; es padre disfrutar de cuentos de hadas con personajes robots”.
Mocencahua está comprometido con su quehacer académico. Señaló que su labor no es hacer prototipos electrónicos, sino facilitar medios a sus alumnos para que ellos los realicen: «en la solución de problemas con la tecnología, primero tenemos que hacerlo con inteligencia y ya después con otros recursos».
«No tengo productos físicos pero sí otro tipo de logros», indicó el Investigador al hablar de la satisfacción que siente al saber del éxito que muchos de sus alumnos están teniendo a nivel nacional y en el extranjero.
Sobre su actividad de divulgación, que pareciera emanar de su gusto (un interés similar al que tiene un niño por los juguetes), Mocencahua reconoce que la tarea es complicada: «la gente tiene el síndrome Frankeinstein (creer que la tecnología se volverá contra su creador); los robots son más que sólo tuercas pues ya incluso hay una filosofía que en ciertas partes del mundo ya se cuestiona sobre la ética y los derechos del robot».
Él cree que algún día se dará la convivencia entre humanos y robots. «La robótica es una línea de aprendizaje que me ha dado mucho. Me ha enseñado a comparar a los hombres y las máquinas y me alegra saber que aún el ser humano no se comporta como una y viceversa».
Sobre su mayor gratificación, Mocencahua Mora relató una experiencia:
«Un día pasó un niño que limpia los zapatos cuando estábamos haciendo en el Zócalo de Puebla una actividad de divulgación. Presentábamos un arpa basada en rayos láser en la que al pasar la mano el instrumento producía alguna nota musical. Ese día el niño vio algo distinto; ya no sólo fue un día habitual, ese día el niño descubrió algo nuevo llamado tecnología. Esa fue una de mis mayores satisfacciones».









