Cuando el restaurante cerraba, tomábamos posesión del bar y nos hacíamos rayas de coca que iban de un extremo a otro de la barra. Luego nos deslizábamos a cuatro patas para esnifarlas. Las camareras más monas y liberales se colgaban con nosotros, y nos lo hacíamos con ellas en la zona de alimentos no perecederos y en los taburetes». Quien relata esto no es un miembro de los Guns’N’Roses, sino el cocinero Anthony Bourdain en sus Confesiones de un chef, quizá el primer libro de gastronomía rock and roll de la historia.
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Menú del día: ‘rock and roll’








