El tabaquismo es una enfermedad crónica caracterizada por el consumo habitual de cigarrillo, es una adicción y también un factor de riesgo asociado a múltiples enfermedades. Constituye la principal causa evitable de enfermedad, discapacidad y muerte en el mundo actual. Por sus consecuencias sanitarias, los elevados costos económicos y sociales que implica, representa un importante problema de salud pública.
El humo del tabaco es una compleja mezcla de material particulado fino y contiene alrededor de 4.700 sustancias químicas capaces de producir daño en los seres humanos. Este material llega a las profundidades del pulmón, sirviendo de transporte para las sustancias químicas, las que se distribuyen por todo el organismo induciendo daño y cambios celulares que se traducen en más de 25 diferentes enfermedades. El humo de tabaco está considerado como un tóxico ambiental y un carcinógeno capaz de inducir cáncer en los seres humanos. El cigarrillo no sólo produce cáncer. La Asociación Americana de Diabetes estableció que sólo el hecho de fumar y tener diabetes implica 14 veces más probabilidades de experimentar problemas cardíacos, en relación con quienes no tienen diabetes y no fuman.
También se ha descrito un mayor riesgo de desarrollo de microalbuminuria (pérdida de pequeñas cantidades de proteínas por la orina), que son el primer paso en el desarrollo de las complicaciones renales en personas con diabetes tipo 1 y 2. Otro tanto sucedería con la retinopatía (complicación ocular de la diabetes). También se ha documentado el incremento en el riesgo de las neuropatías diabéticas (complicaciones neurológicas), como consecuencia del cigarrillo. En este aspecto, el peligro aumenta en 2 a 2,5 veces en relación con el que poseen personas con diabetes no fumadoras. El uso de tabaco, en sus diversas modalidades, constituye una conducta adversa para la salud de todos, incluso para los no fumadores que están en contacto cotidiano con gente que fuma, transformándose en fumadores pasivos. Pero en el caso particular de quienes tienen diabetes, este hábito resulta especialmente peligroso. Dejar de fumar puede ser difícil, y se pueden encontrar excusas para continuar haciéndolo. Sin embargo, está demostrado que los beneficios de dejar esta adicción comienzan inmediatamente después de apagar el último cigarro: A los 20 minutos después de dejar de fumar, su presión sanguínea disminuye, su pulso baja y la temperatura de la sangre en sus manos y pies ha aumentado. A las 2 horas, se ha reducido la nicotina en su cuerpo. A las 8 horas, el nivel de monóxido de carbono en su sangre disminuye y el oxígeno aumenta al nivel normal de un no-fumador. Esta es una de las mejores ventajas de dejar de fumar, debido a que el monóxido de carbono afecta a los músculos, el cerebro y los tejidos. A las 24 horas, sus probabilidades de un infarto al corazón ya han disminuido. A las 48 horas, su sentido del olfato ha mejorado y su paladar cobra vida de nuevo. Pasados de 2 a 4 días, todos los restos de nicotina han desaparecido del cuerpo. Eso significa que no hay una sustancia adictiva física en su cerebro. Entre 2 y 9 semanas después, su circulación mejorará, el ejercicio no será tan agotador y su capacidad pulmonar aumentará.
Después de 3 meses, mejora su fertilidad. Esta es una razón frecuentemente pasada por alto cuando se buscan buenas razones para dejar de fumar. En los hombres aumenta la calidad y la densidad de espermatozoides y en la mujer aumenta las posibilidades de concebir, con menor probabilidad de aborto involuntario, o de dar a luz a bebés con mayor riesgo de muerte fetal, parto prematuro o que el bebe tenga un peso bajo al nacer. En los primeros 9 meses, se dará cuenta de que ya no siente falta de aire, tos y la congestión nasal o la fatiga mejoró rápidamente. Pasado 1 año, el riesgo de que aparezca una enfermedad coronaria es la mitad que la de un fumador. A estas alturas y debido al aumento de oxígeno, tendrá una notable mejora en tu piel y encías. El oxígeno ayudará a reparar la piel seca y las arrugas prematuras. Después de 5 años, el riesgo de cáncer de pulmón se reduce a la mitad. También su riesgo de cáncer de boca, garganta, esófago, vejiga, riñón y páncreas disminuye rápidamente. Entre 5 a 15 años, ya no tendrá mayor riesgo de enfrentar un accidente cerebro-vascular que la de cualquier persona que nunca haya fumado. A partir de 10 años después de dejarlo, sus probabilidades de enfermedad coronaria serán prácticamente las mismas que las de cualquier persona que nunca haya fumado. De hecho, el riesgo de una muerte prematura por todas las causas debidas al tabaco prácticamente desaparece y vuelve a sentirse como las personas que nunca han fumado.
ANGÉLICA MORALES MARTÍNEZ
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