Published On: sáb, Oct 26th, 2019

Bartolomé Vázquez, el maestro rural multigrado que forma personas de bien

Desde su egreso, en la década de 1990, de la Universidad Pedagógica Nacional, Subsede San Cristóbal de las Casas, Bartolomé Vázquez López, indígena tsotsil chiapaneco, ha estado trabajando en una escuela primaria indígena bilingüe (español y tzeltal), en el municipio de Venustiano Carranza, Chiapas.

Como maestro de una escuela rural multigrado, ubicada en las montañas de ese estado del sur mexicano, Bartolomé sabe que la pedagogía y el aprendizaje van más allá del salón de clases; y eso es lo que muestra en El sembrador: educación y esperanza. Un relato de vida, documental sobre su labor docente, dirigido y producido por Melissa Elizondo Moreno, egresada del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El filme, premiado en tres categorías distintas en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2018, fue proyectado esta semana en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, a donde acudió el maestro Bartolomé, por invitación del Departamento de Educación y del Programa de Reflexión Universitaria de la Dirección de Servicios para la Formación Integral, para compartir su concepción educativa, de la que dio cuenta en la presente entrevista que brindó a Prensa IBERO.

-¿Qué lo motivó a formarse como profesor, a dedicarse a la educación?

-Cuando vivimos en comunidades rurales y nuestros padres son de bajos recursos, uno como joven siempre está buscando la oportunidad de desarrollarse como persona, y para mí la oportunidad era, por hablar una lengua indígena, el tsotsil, terminar la licenciatura y entrar a la docencia en una escuela indígena. 

¿Cuál diría que es su modelo de educación?

-Es un poco difícil nombrarlo modelo; pero es una respuesta a las necesidades en tu centro de trabajo. Lejos de dar un nombre a la forma en que resuelves las cosas, lo que importa es acondicionar el espacio, y crear un ambiente sano y saludable en donde los niños se desarrollen armónicamente.

-En el documental se ve que usted hace de todo con sus alumnos, desde árbitro en un partido de futbol, hasta enseñarles a bailar. ¿Por qué salir del salón de clases y continuar la enseñanza en otros espacios?

-La educación no es sólo una actividad que se lleva a cabo dentro de un espacio con muebles, sillas, pizarrón y un maestro. La historia siempre nos ha enseñado que donde quiera que estemos aprendemos; y hay lugares donde aprendemos más, que no están precisamente entre cuatro paredes.

Tomando en consideración mi niñez, sé lo que me gustó y lo que no me gustó de la escuela. Y ahora que tengo en mis manos la libertad de crear un ambiente educativo, sé que toda la energía encerrada en los niños no puede desperdiciarse sólo dictando o abriendo un libro en el salón de clases, sino que es más divertido que echen a andar sus habilidades físicas y otras facultades, para que descubran que eso los motiva a analizar, a resolver problemas y a tener un desarrollo físico y emocional.

-En otra parte del documental se ve que usted lleva a los niños a nadar a un río, lo que muestra que la educación es también para usted divertirse.

-Diversión es lo que nos hace falta. Los adultos también necesitamos una manera divertida de aprender; y eso es lo que he encontrado con mis niños. A mí me pagan por divertirme, y eso no tiene ninguna comparación.

He descubierto que jugando es cuando más nos motivamos. Y todo lo que se aprende, si estamos motivados, se aprende bien, y se desarrollan habilidades. Eso me ha hecho sentir como si no estuviera trabajando, más bien acompañando a los niños, al darles la oportunidad de que desarrollen su autonomía, desarrollen su responsabilidad, desarrollen sus valores, pero poniéndolos directamente en acción de lo que ellos tienen la capacidad de ser.

En mi caso, que estoy en una escuela multigrado, tengo niños de 6 a 11 años, y eso, lejos de considerarlo un factor negativo, lo considero algo positivo, porque trato hacer en la escuela una copia de la educación en la familia; porque considero que los mayores somos hermanos de los pequeños, y ambos nos ayudamos. No me considero sólo a mí como el docente, tengo varios maestros que me pueden ayudar.

-¿Cuál es la mayor enseñanza que le han dejado sus niños de la escuela?

-En la educación primaria tenemos que tratar siempre de descubrir, por nosotros mismos, lo que queremos ser. En esta etapa tenemos que descubrir nuestra identidad, y a partir de ahí ser un agente positivo para la sociedad.

-¿Cuál es el mayor reto, y la mayor gratificación, de dar clases en una escuela en la montaña?

-Creo que el reto es uno mismo, porque si nosotros no tenemos una actitud hacia adelante, nos quedamos estáticos y no podemos esperar un cambio, porque no hacemos nada para esperar algo diferente. Si siempre hacemos lo mismo, esperemos lo mismo; y si hacemos algo diferente, esperemos algo diferente. 

En cada contexto tenemos una forma de aprender y una forma de enseñar, y cada generación es diferente. Además, es divertido ver cómo los niños hacen cosas que ni se imagina uno que son capaces de hacer, que son capaces de demostrar por la confianza que se les brinda. Ahí descubre uno muchas cosas que al final dan sentido a que nosotros estemos guiando a un grupo de niños que sólo requieren de la compañía de un adulto. 

-¿Sus clases las da en español o también en tsotsil?

-En español, porque la secundaria en el entorno donde estamos es en español, entonces es necesario que el niño tenga la habilidad de no fracasar en el siguiente nivel. Falta que el proceso educativo se imparta en lengua (indígena), en preescolar, primaria, secundaria, preparatoria y hasta universidad.

Además, como la comunidad habla tzeltal, y yo tsotsil, aprendí su lengua, para que mis niños pequeños no sufran. Pero las instrucciones las doy en español, y cuando considero que no me comprendieron, entonces echo mano de mis otros niños, ‘a ver, explícales, háblales, diles lo que entendiste’; y empieza la ayuda.

Ellos no tienen prohibido hablar su lengua. Pueden voltear a un lado, y hablar con un compañero en español; o voltean hacia otro, y hablan tseltal; por eso al mismo tiempo llevan las dos lenguas. Y en la escuela, y cuando egresan, no se sienten frustrados, porque tuvieron la libertad de expresarse; y me he dado cuenta que eso genera confianza.

¿Qué le gustaría que lleguen a ser sus alumnos cuando sean adultos?

-Primero, que alcancen a ser personas de bien. Porque pueden llegar a ser profesionistas, pero un título universitario no certifica ni garantiza que sean mejores personas. Por eso primero aspiro a que sean buenas personas. Y si llegan a ser profesionistas, que sean buenos ciudadanos.

-Por último, profesor Bartolomé, ¿qué piensa de que este documental sobre su labor docente ha sido premiado, y que da a conocer su vida y la de sus niños?

-Nos sorprende un tantito porque todo inició con la solicitud para hacer el documental, por la necesidad de Melissa, la estudiante del CUEC de la UNAM, que requería hacer un documental para su titulación.

En ese momento nosotros no pensábamos que el documental podría ser visto en otras partes. Para mí, el primer compromiso, era poder ayudar a que Melissa se titulara, y con eso para mí todo estaba bien.

Pero por el impacto que el documental ha ido generando a través de su proyección en algunos espacios, da gusto saber que lo que hacemos es útil para otros. Unos pueden decir, ¡ah, qué feo trabajan!, otros también pueden decir, ¡ah, qué bonito! Y aunque el documental es una oportunidad de que nos conozcan en otros lados, lo más importante es que nosotros ya éramos felices en nuestro espacio, como estamos.

 

Aquí el tráiler del documental:

‘El sembrador: educación y esperanza. Un relato de vida’