El Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos (MNFM), ubicado en la 11 norte, 1005, centro de la ciudad de Puebla, ahí se encontraban las estaciones del Ferrocarril Mexicano y el Mexicano del Sur, en Puebla, que fueron diseñadas y construidas por arquitectos ingleses en la segunda mitad del siglo XIX e inaugurado por Benito Juárez en 1869.
La estación se mantuvo en servicio hasta 1974, año en que cerró definitivamente, fue ocupada para otras cuestiones que no tenían que ver con los ferrocarriles y también abandonada, hasta 1985 cuando fueron recuperados los terrenos y se restauró el edificio principal.
El interés por resguardar nuestro patrimonio ferrocarrilero comenzaron en 1973, cuando la estación de San Lázaro, en el Distrito Federal, cerró y consideró abrir un museo; la idea no se realizó hasta el 5 de mayo de 1988, y en Puebla, cuando se inauguró el ahora Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, cuya finalidad es, desde entonces difundir, investigar, rescatar nuestro patrimonio ferrocarrilero, que en su momento fue un invento, un medio de transporte insólito que cambió a las sociedades y por supuesto a México, hoy es historia y cultura.
El edificio declarado monumento histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) fue destinado para la creación del Parque Alameda de los Ferrocarriles, se realizó en dos partes, bajo la supervisión del INAH, con el apoyo del Gobierno del Estado y con la aportación de Ferrocarriles Nacionales de México; las vías de maniobras fueron modificadas para permitir la exhibición de equipo rodante.
No se puede hablar de la a historia moderna del mundo y de nuestro país, sin mencionar al ferrocarril, que cayó en desuso relativamente en muy poco tiempo, gracias a la invención del automóvil, a pesar de que en otros países existen trenes todavía para uso de los pasajeros o como museos o centros recreativos, en México solo son utilizados para carga, no para el uso de la gente.
El caballo de hierro, tiene a su alrededor todo tipo de historias, todo tipo de anécdotas, era casi un ritual viajar en tren, hoy a nosotros ya no nos dice mucho, la experiencia, los paisajes, los boleteros, la máquina, los sonidos, el silbato, el maquinista, los cambios de vía, son ahora algo que ya no está en nuestro imaginario colectivo, las nuevas generaciones, los niños no conocen el valor histórico que significó entrar en la era industrial y viajar en tren.
Del ferrocarril solo quedan frases que utilizamos todos los días: «Se me fue el tren»; las máquinas, los museos, la historia, el MNFM, exhibe todo tipo de locomotoras, coches de pasajeros, equipo de trabajo, muebles, accesorios, herramientas, documentos, fotografías, mapas y varios elementos que tienen que ver con los trenes.
En el museo destaca la estación de pasajeros del primero, un elegante edificio de estilo neoclásico, de 74 plazas, dotado de un motor Rolls-Royce, capaz de alcanzar una velocidad máxima de 110 kilómetros por hora, que sirve actualmente para la presentación de exposiciones, realización de conferencias y otras actividades.
Se resguardan en el museo más de 60 unidades rodantes de diversas clases y épocas, cinco máquinas de vapor, cinco diesel-eléctricas y una eléctrica, la 1001 del Ferrocarril Mexicano, destacan las dos únicas máquinas de vapor de vía ancha que aún están en condiciones de funcionar, la 650 y la 1150. También sobresalen las máquinas Alco DH-17 y DH-19 diesel-eléctricas de tipo PA-4, que son un piezas únicas en el mundo, ya que están completas y en posibilidad de funcionar.
CLAUDIA CORDERO









