Ayer se conmemoró en Puebla la Batalla del 5 de Mayo, que recuerda el triunfo del ejército mexicano, sobre el ejército francés, en esa época el más poderoso del mundo, el 5 de mayo de 1862, en los Fuertes de Loreto y Guadalupe.
Ayer también comenzó la cuenta regresiva para lo que será la conmemoración en el 2012 del aniversario 150 de la Batalla del 5 de mayo, para ello, se realizarán por parte de diferentes instituciones, gubernamentales, universitarias y otras distintas actividades, académicas, culturales e históricas; habrá que ver si con estas actividades no se cometen los mismos errores que el año pasado con el Bicentenario de la Independencia y con el Centenario de la Revolución, no se trata de cantidad, sino de calidad y de darle el justo valor a una fecha muy importante no sólo para Puebla, sino para México e incluso para Francia.
No se trata de luces, ni de pintar monumentos, ni de fuegos artificiales, o al menos no sólo de eso, se trata de que más allá de la fiesta hagamos como sociedad una reflexión acerca de nosotros mismos, de nuestro pasado, de reconocer a aquellos que dieron su vida por nosotros, por un país, un estado es ahora nuestra responsabilidad, haber que pasa, es uno de los eventos más importantes que le tocará organizar al Gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, habrá que ver, si logra lo que nadie ha hecho en 149 años, ir más allá de la fiesta.
Nuestra historia nos está encontrando, habrá que ver si nosotros estamos, como poblanos y mexicanos para encontrarnos con ella.
Una fecha sin duda histórica para México, celebrada en muchas ciudades de los Estados Unidos por los mexicanos que viven allá; mañana en Washintong, Fernando Gómez Mont Secretario de Gobernación de México, asistirá a los festejos en esa ciudad.
Pero a pesar de la fiesta es una fecha poco valorada por los mexicanos, mañana, no faltará quien diga que no tiene caso celebrar si después nos ganaron; sí, lo que no recordamos es que a pesar de su insistencia, de su poderío y de su invasión y la llegada del Emperador Maximiliano de Habsburgo, se fueron.
Finalmente los mexicanos lograron expulsar a los franceses, ejecutando a los dirigentes e incluso al propio Maximiliano, quien al ver la realidad de nuestro país, apoyó las políticas liberales de Benito Juárez y aceptó su condena.
Juárez recibió algunas cartas pidiendo perdonara la vida de Maximiliano, una de las más famosas fue la del entonces escritor francés Víctor Hugo, Juárez no cedió argumentando que nadie puede invadir un país sin atenerse a las consecuencias.
La batalla no fue fácil y alrededor de ella además de los datos históricos existen muchas anécdotas y recuerdos, la participación valiente de los indígenas de la sierra norte de Puebla, al mando del General Ignacio Zaragoza, el Ejército mexicano venció a los franceses que nos veían muy poca cosa, se sentían superiores y aseguraban no podríamos vencerlos, la historia hoy nos dice que no fue así.
Ganamos lo que muchos afirman fue la segunda Independencia de México, pues ese triunfo le dio oxígeno a los mexicanos y al Ejército nacional, levantó el ánimo para seguir en la lucha que concluyó con el fusilamiento en el Cerro de las Campanas en el estado de Querétaro de Maximiliano de Habsburgo junto con Miguel Miramón y Tomás Mejía en 19 de junio de 1867 y con la expulsión de los franceses y la restauración de la República de México ese mismo año.
Al ganar la batalla Ignacio Zaragoza envió un mensaje al Presidente Benito Juárez que decía: Las armas nacionales se han cubierto de gloria. Las tropas se portaron con valor en el combate y su jefe con torpeza».
Fue ese año cuando Juárez declaró a nuestra ciudad como: Heroica Puebla de Zaragoza. Las buenas noticias hay que recordarlas, sobre todo en época de crisis, donde estamos buscando reforzar nuestra la identidad como mexicanos, en le marco de los 200 años de nuestra Independencia y 100 de la Revolución.
Una fecha importante que devolvió la esperanza a nuestro país, ante una intervención extranjera, que se veía inevitable, nadie pensó que ganaríamos, nadie que los venceríamos, es una buena razón para celebrar y reflexionar, más allá del tradicional desfile y de los discursos políticos.
CLAUDIA CORDERO









