

En Zapotitlán Salinas en la región de Tehuacán, el pasado martes, el señor presidente Enrique Peña Nieto acudió con la intención de grabar un cortometraje con fines de propaganda por su próximo informe de gobierno.
Y los habitantes de esa bella comunidad poblana, se alegraron mucho cuando se les informo de la visita presidencial, y pidieron hablar un momento con el señor Presidente.
Algo obvio y lógico, porque es la oportunidad de pedirle ayuda y apoyo para sus necesidades y problemas regionales.
Y cuando se les negó esa posibilidad el pueblo se manifestó muy enojado, los ciudadanos se molestaron mucho y se rebelaron en contra de la presencia de la avanzada presidencial.
Por supuesto que hubo un mal manejo de la presencia del señor presidente en Tehuacán.
El implacable estado Mayor Presidencial tuvo un tropiezo en su desempeño en Zapotitlán.
¿De quién fue la culpa? ¿En dónde estuvo la falla?
Ya no importa.
Lo importante es: ¿Qué hubiera pasado si el señor Presidente se acerca a la gente a platicar con ellos?
Quiero pensar, ¿qué hubiera pasado, si el señor presidente, se baja de su vehículo oficial, y se sienta a dialogar con ese grupo de no más de cien pobladores desencantados y enojados?

Cuando me entere de este penoso desencuentro de inmediato me acorde del General Lazaro Cardenas del Rio.
¿Qué hubiera hecho Lázaro Cárdenas del Rio?
Por supuesto que acercarse a la gente y, o, dejar que se le acercaran, y sentarse a dialogar con ellos.
Así era el, y así deberían ser todos los presidentes de México.
Y en este escenario: ¿Qué tal si el presidente Enrique Peña Nieto, se acerca, a su pueblo, con esa agradable sonrisa que tiene y establece un dialogo, una comunicación con los pobladores de Zapotitlán?
Por supuesto que se hubiera resuelto este desencuentro y se hubiera escuchado a la gente, a su gente, que indefectiblemente que tienen reclamos, viejos reclamos, rezagos, inercias, pero para eso está el señor Presidente, para resolver todo ello.
Por eso es nuestro presidente.
Y esta actitud le hubiese sido reconocida por todos.
Sería un suceso de amplias buenas repercusiones para su imagen.
Y si sus colaboradores, la avanzada del Estado Mayor no pudo resolver este desencuentro, el señor Presidente si lo pudo haber solucionado, tan solo por su investidura, tan solo por el enorme poder que tiene para mover a la Republica, a las instituciones, siempre en favor de sus gobernados.
Ahora bien, ¿dónde, cuándo, se rompió el contacto, la comunicación? ¿Cuándo, donde, se perdió “la química”, entre el señor presidente y el pueblo de México, su pueblo.

Averiguarlo y remediarlo es una importante tarea para todos los equipos de comunicación, de creación y cuidado de la imagen de los mandatarios en México, de todos ellos.
Hay mucho que hacer, mucho que recuperar, para que el señor Presidente de México, sea recibido en todo tiempo, y en todo lugar con respeto, con alegría, con gusto, con cariño, por el pueblo, por los ciudadanos.
Bueno, -se vale-, hasta con cierto temor, porque la investidura presidencial debe inspirar respeto, mucho respeto, y por supuesto un cierto miedo, o por lo menos sana intimidación, como era antes, y no ser agraviado por la gleba, como ocurre en la actualidad.
LAS CAUSAS DEL DESCONTENTO POPULAR
Es lugar común que el pueblo mexicano esta: “Hasta la coronilla”, por el deterioro de nuestra calidad de vida, de la inseguridad, de las pobres perspectivas de desarrollo, crecimiento, y progreso.
Es lugar común que los mexicanos todos, sufrimos de pobreza, desempleo, más miseria, un terrible círculo vicioso.
Que la inseguridad, la violencia, la criminalidad, la corrupción y el cinismo de muchas autoridades están avasallando a millones de mexicanos.
Que hay un Estado Fallido, que las instituciones ya no operan de manera adecuada, y que no hay una sólida propuesta para solucionar la crisis y el caos que sufre nuestra nación.
Entonces necesitamos una renovación adecuada, solvente, atinada, en los Poderes de la República, en el Ejecutivo, en los Legislativos, de la Cámara Alta y en la Cámara Baja, y por supuesto en el degradado Poder Judicial.
Así que antes de proponerse, u ofrecerse como aspirante a ser el candidato a la Presidencia de la República, los pretendientes deben hacer un examen de conciencia y de su eficiencia, y evaluar y analizar: ¿Cuál es su propuesta para resolver los grandes problemas nacionales?
Urge que se le presente a los ciudadanos mexicanos un buen Plan Nacional de Rescate, Refundación, Renovación, y Desarrollo de nuestra República.
Este debe ser un requisito indispensable de los aspirantes, antes de atreverse a alzar la mano y decir yo aspiro.
Por lo pronto solo uno, ya tiene su propuesta de Plan Nacional de Desarrollo atinado, y congruente con la realidad nacional.
El lunes comenzaremos a analizar las causas del hartazgo popular.
Esta es la verdad.








