Moscú. La participación en jornadas permanentes de protesta contra las nuevas autoridades impuestas tras el golpe de Estado convierten a las ciudades de Járkov y Odessa en centros de la resistencia en el este ucraniano, y a sus militantes en blanco de una feroz persecución de escuadrones fascistas.
El portar también en el pecho una cinta de San Jorge (naranja y negro), como se conoce en Rusia a ese símbolo de la lucha contra el fascismo, significa un peligro de ser atacado por los comandos paramilitares que patrullan las calles libremente en numerosas ciudades del este de Ucrania.
Son precisamente los sitios controlados por el Gobierno y hacia donde la llamada junta golpista ha lanzado a combatientes de Sector Derecho, Patriotas de Ucrania y a la Guardia Nacional, como estructuras represivas para evitar rebeliones como en las regiones de Donetsk y Lugansk, donde fueron proclamadas las repúblicas populares como poderes alternativos.
El dirigente del movimiento Unidad Popular en Járkov, Leonid Ilderkin, explicó ante un grupo de periodistas en Moscú que pese a la represión, la persecución política y la prohibición de celebrar mítines, las protestas multitudinarias no han cesado.
Dijo Ilderkin que antes de los acontecimientos del Maidán, las concentraciones antigubernamentales en el centro de Kiev, que en febrero derivaron en un golpe de Estado y la defenestración del presidente Víktor Yanukóvich, muchos comunistas ya engrosaban las listas de Sector Derecho y de otras organizaciones ultranacionalistas.
Todas las fuerzas de izquierda en el este y sur de Ucrania han sido descabezadas tras la ola de secuestros, arrestos masivos y asesinatos de líderes opositores, expuso. Más de 200 activistas y periodistas fueron detenidos solo en Járkov, según la fuente.
Sin embargo, agregó el también sociólogo que existe un movimiento contestatario permanente y de toma pacífica de edificios públicos en señal de protesta contra la junta, pero claramente estamos en desventaja para enfrentar a las fuerzas regulares y estructuras represivas, consideró.
Recordó que las estructuras de fuerza están en manos del Estado y controladas por la oligarquía nacional para aplastar los focos de resistencia. Sumó Ilderkin al cuerpo represivo el uso de «asesores estadounidenses», quienes trabajan en Ucrania por el mismo escenario de Irak, diseñado por Estados Unidos.
La clandestinidad en Járkov y en Odessa actúa en un corredor muy estrecho, prácticamente inmolándose y con pocos recursos, subrayó el dirigente comunista ucraniano.
En Odessa, según el experto, se llevó a cabo un plan deliberado de destrucción masiva de opositores como escarmiento a las fuerzas progresistas que resisten en el este y predomina de manera permanente un clima de terror.
No descartó el dirigente de Unidad Popular la creación de un Frente unido y no solo en Járkov, aunque lo condicionó al desarrollo de los acontecimientos en la región de Donetsk y a la resistencia de la república popular autoproclamada allí.
La periodista ucraniana Elena Raigorodetskaya dijo que muchos mineros que se declararon en huelga en Donbass, ante la nueva política económica neoliberal, marcharon al frente para apoyar a las milicias de autodefensas en Donetsk, Kramatorsk y Slavyansk.
A pesar de la represión, los peligros y los muertos que ha provocado la operación criminal, la población de esas regiones presta ayuda a los milicianos, comentó Raigorodetskaya, quien denunció en Moscú el bloqueo informativo y la criminalización de la legislación ucraniana por la junta de Kiev.
Verdadera dimensión de los crímenes
Para el politólogo ucraniano Dmitri Gubin, el régimen que usurpó el poder en Kiev puede llamarse sin exageración nazi, en una coalición fascista de los partidos Batkivschina (de la ex primera ministra Yulia Timoshenko) y Svoboda (Libertad).
Llamó la atención de que el primer ministro Arseni Yatseniuk y sus correligionarios de Batkivschina, bajo la fachada de democráticos y moderados, son los autores de los intentos de revisar los fallos del Tribunal de Núremberg, y de ilegalizar a los partidos opositores de las Regiones y Comunista de Ucrania.
Denunció Gubin que la junta presiona para que se refleje en los manuales de Historia la visión que exalta la actuación de los colaboracionistas de los nazis, como Stepan Bandera, y que glorifica al fascismo, prohibida durante el gobierno de Víktor Yanukóvich.
Se refirió a la propagación de las concepciones racistas y el resurgimiento con fuerza de teorías sobre las razas superiores y naciones elegidas, unido a un conjunto de leyes promovidas para anular al mínimo los derechos de otras nacionalidades, como la rusa que es mayoría en el este y sur del país.
En un llamado a romper el bloqueo informativo y a que Europa abra los ojos ante la barbarie que comete la junta, Gubin exhortó a los europeos a comportarse con la verdad, a identificar a los verdaderos victimarios y a las víctimas, y a no hacerse de la vista gorda ante los crímenes como el de Odessa, ocurrido el 2 de mayo.
Contrastó el politólogo cómo aquellos que dicen ser democráticos nos tildan a nosotros de terroristas porque luchamos contra el fascismo y rehusamos aceptar a los fascistas.
Ellos, quienes intentan regresar la ideología nazi, tienen derecho en cambio ante los ojos de los europeos, a matar y a perseguirnos por llevar la cinta naranja y negra, manifestó el dirigente de la resistencia en Járkov.
Las calles de Kiev están decoradas con las banderas de Sector Derecho, Patriotas de Ucrania y de otras organizaciones fascistas, de la esvástica, el emblema de la Alemania nazi y las fotografías de Bandera, y ninguno es condenado o arrestado, deploró por su parte Raigorodetskaya.
Agregó que recientemente en su ciudad un escuadrón de Patriotas de Ucrania golpeó y arrestó a activistas que levantaron una placa conmemorativa en memoria de dos personas que fueron asesinadas por ellos, todo lo cual demuestra que esos sectores son amparados y cuentan con el respaldo de los gobernantes.
Para Ilderkin, la guerra en el este ha sido el mejor pretexto encontrado por la junta a fin de justificar las medidas de choque recomendadas por el Fondo Monetario Internacional, supuestamente para revertir el desplome económico.
Están destruyendo a Ucrania no solo mediante el terror fascista, sino con el saqueo y el enriquecimiento de los bolsillos de los oligarcas, afirmó el representante del movimiento de Unidad Popular en Járkov.
Mientras tanto, Occidente se hace cómplice y calla ante la masacre en Odessa, donde fueron quemados vivos o masacrados cientos de activistas y Kiev rehúsa a una investigación y hasta oculta la verdadera dimensión de ese crimen.










