La resolución de Manzano es tan pragmática como efectiva, sin experimentos estrambóticos. Lo tiene bien claro y pone a los mejores, independientemente de los méritos acumulados en el equipo, del caché generado en la cantera o de la rentabilidad que se les pueda sacar. O lo que es lo mismo: no le importa sentar a Adrián por más que catapultara al equipo a la Liga Europa; no le pesa descartar a un extremo y variar el dibujo táctico para reunir sobre el tapete a todas las estrellas; y tampoco le incomoda dar carrete a un portero (Courtois) que está cedido, por más que se señalara a otro (Joel) como el futuro de los futuros. El técnico va a lo seguro y el equipo funciona como un tiro. Más que nada porque lo que parecía una frase lapidaria -«se han ido el Kun y Forlán»-, se ha convertido en un mejunje de los buenos, en una versión mejorada de lo que había. Se le presume al equipo menos remate, por más que Falcao se resista a expresar lo contrario, como demostró con el hat-trick que hizo en su estreno liguero en el Calderón, pero tiene un fútbol más atildado y de quilates, de toque, posesión y lazo. Lo sufrió el Racing, que persiguió la pelota, toda vez que no quiso ir a por el partido.
Leer artículo original:
Un mejunje de los buenos









