Todo el mundo sabe que David Cronenberg es muy suyo, un tipo siempre inquietante capaz de convertir cualquier tópico en una pesadilla y de hurgar en lugares que los mortales simplemente ignoran. Siempre ha sido el realizador canadiense un señor de extremos, un hombre elegante a la par que morboso que te lleva al infierno con un par de planos, sin mayores esfuerzos. Por eso esta mañana, y al finalizar el pase para la crítica de su última obra, Un método peligroso , los aplausos (entusiastas) se mezclaban con la cara del que ha visto una película con bobinas cambiadas. Un método peligroso tiene algunos de los tics de Cronenberg aunque los utiliza de forma leve, pero por el otro lado parece la película de alguien interesado única y exclusivamente en demostrar que el cine sigue siendo cosa de algunos -pocos- elegidos.
Tomada de:
Un Cronenberg esplendido (y sin cafeína)










