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Momento Diario | En el vértice de Puebla

Reservas Internacionales: La tentación de gastar lo que no es del gobierno

admin by admin
agosto 9, 2026
in Poder Económico | Adalberto Füguemann
Economía mundial 2026: estabilidad en el discurso, fragilidad en la realidad

Los países que deterioran la disciplina monetaria terminan enfrentando inflación, devaluaciones o ambas.
Carmen Reinhart

¿DE QUIÉN SON?: En distintos momentos de la historia económica latinoamericana, algunos gobiernos sucumbieron a una tentación tan atractiva como peligrosa, considerar que las reservas internacionales del banco central eran dinero disponible para financiar el gasto público.  En algunos casos por desconocimiento; en otros, por la urgencia política de cubrir déficits crecientes o sostener programas de corto plazo. El resultado fue una pérdida de confianza en la moneda, fuertes presiones cambiarias y episodios de alta inflación o incluso hiperinflación.

El problema radica en un error conceptual, ya que las reservas internacionales no son un flujo de riqueza recién generado por la economía, sino un activo que respalda el balance del banco central. Su contrapartida monetaria ya circula en la economía en forma de moneda nacional. Debilitar ese respaldo para financiar gasto permanente no crea riqueza; compromete la estabilidad monetaria que tomó años construir.

Cuando una familia tiene ahorros, puede gastarlos; cuando una empresa tiene utilidades retenidas, puede invertirlas; cuando un país acumula reservas internacionales el análisis y la práctica suelen y deben de ser diferentes, porque las reservas internacionales no son el ahorro del gobierno, tampoco son el dinero del presidente, ni del Congreso, ni del Banco de México.

Son el activo que respalda la confianza en la moneda nacional. Las reservas internacionales son resguardadas, por mandato, por Banco de México. No forman parte del presupuesto federal; no pueden gastarse como si fueran ingresos tributarios; no constituyen una bolsa para financiar programas sociales, obras públicas o déficit fiscal.

Su función, muchas veces ignorada en el debate político y poco comprendida por la opinión pública, es una sola, preservar la estabilidad monetaria del país.

No aparecen por generación espontánea, se integran principalmente por recursos provenientes de exportaciones, remesas, inversión extranjera, turismo internacional y por operaciones cambiarias del Banco de México.

Cuando esos dólares llegan al sistema financiero, Banxico adquiere parte de ellos entregando pesos a cambio. Así aumentan simultáneamente las reservas internacionales y la base monetaria, aunque el banco central utiliza instrumentos para evitar que esa liquidez adicional se traduzca automáticamente en presiones inflacionarias, a eso se llama esterilización monetaria. En otras palabras, las reservas no son un «cochinito», son el espejo de una operación monetaria ya realizada.

TENTACIÓN IRRACIONAL: Y contrario a lo que solicitan algunas voces, desde la ignorancia económica, que muchas veces termina produciendo políticas públicas profundamente equivocadas, no pueden gastarse porque esos dólares ya tienen un contrapeso, los pesos correspondientes ya circulan en la economía.

Si el banco central utilizara esas reservas para financiar gasto corriente del gobierno, se reduciría el respaldo externo del balance del banco central y se debilitaría la confianza en la moneda. Si además ese gasto terminara monetizándose mediante mayor emisión de pesos para cubrir déficits persistentes, el riesgo inflacionario aumentaría considerablemente.

Las reservas internacionales no son una caja fuerte llena de dinero, son el cinturón de seguridad de toda la economía, el equilibrio del sistema monetario. Sirven para enfrentar crisis cambiarias, para pagar obligaciones internacionales en caso extremo, también para estabilizar el tipo de cambio cuando existen choques severos; transmiten confianza a inversionistas nacionales y extranjeros y mejoran (o empeoran) la percepción de riesgo del país

Es decir, las reservas casi nunca deben utilizarse, precisamente porque existen para los momentos en que todo lo demás falla.

Imaginemos un avión en el que alguien observa que lleva enormes depósitos de combustible de reserva y pregunta por qué no se utilizan para calentar café durante el vuelo. La respuesta es obvia, porque ese combustible no está ahí para preparar café, sino para evitar que el avión caiga si ocurre una emergencia. Bueno, con las reservas sucede exactamente lo mismo.

América Latina ofrece varias lecciones sobre lo que ocurre cuando se debilita la disciplina monetaria y fiscal. En distintos momentos, países como Argentina y Venezuela recurrieron al financiamiento monetario de déficits públicos o utilizaron activos del banco central para aliviar restricciones fiscales. Los resultados fueron, con matices y diferencias institucionales, pérdida de confianza, depreciaciones cambiarias, alta inflación o incluso episodios de hiperinflación.

No todos esos procesos se explican únicamente por el uso de reservas, pero sí ilustran los riesgos de subordinar la política monetaria a necesidades de gasto del gobierno. Las reservas internacionales no están para presumirse ni para gastarse. Están para que los ciudadanos no tengan que descubrir, demasiado tarde, cuánto cuesta perder la confianza en una moneda.

Las economías no suelen derrumbarse de un día para otro. Primero se relajan las reglas fiscales. Después se busca financiamiento fácil. Más tarde se presiona al banco central para resolver problemas que corresponden a la política presupuestaria. Finalmente, cuando la confianza desaparece, ya no hay reservas, emisión de decretos o controles de precios que alcancen para detener la caída. La historia de América Latina no debe leerse como un catálogo de fracasos ajenos, sino como un manual de errores que conviene no repetir. La historia económica rara vez se repite exactamente, pero suele rimar.

Maurice Obstfeld señala que las reservas internacionales constituyen un mecanismo de aseguramiento («self-insurance») frente a choques externos y crisis financieras. Ha documentado que los países emergentes acumularon reservas después de las crisis asiáticas precisamente para reducir la vulnerabilidad financiera.

DE FONDO

Los números no tienen ideología. No votan, no militan y no hacen campaña. Simplemente describen la realidad. Lo verdaderamente peligroso no es que una estadística sea falsa o que una estadística verdadera se utilice para contar una historia que no es completa. En economía, como en medicina, un buen diagnóstico no depende de un solo dato, sino de interpretar correctamente todo el expediente clínico del paciente.

Stanley Fischer, ex Subdirector Gerente del FMIinsiste en que la credibilidad de un banco central depende de preservar la estabilidad monetaria y evitar que el financiamiento del gobierno sustituya a la política monetaria.

DE FORMA

Las reservas internacionales no son dinero ocioso; son una forma de seguro nacional frente a crisis financieras y choques externos. El Banco de Pagos Internacionales (BIS), conocido como «el banco de los bancos centrales» ha sido consistente en su postura en el sentido de que las reservas internacionales son un componente esencial de la estabilidad monetaria y financiera, especialmente en economías abiertas y emergentes.

DEFORME

Cuando un gobierno comienza a mirar las reservas internacionales como si fueran una cuenta bancaria disponible para resolver problemas presupuestarios, deja de distinguir entre patrimonio del Estado y estabilidad de la moneda. Las reservas no son dinero sobrante; son el seguro que protege a todos los mexicanos cuando llegan las tormentas financieras. Romper ese seguro puede parecer una solución de corto plazo, pero la historia demuestra que termina siendo una de las decisiones más costosas para cualquier economía.

Tags: gastarGobiernointernacionalesreservastentación
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