“Nada revela más la fragilidad de un país que vivir de lo que mandan los que se fueron.”
Albert Hirschman
REMESAS, EL SALARIO DE QUIENES NO ENCONTRARON TRABAJO: En México hay cifras que son macroeconómicas… y hay cifras que son directa y engañosamente emocionales. Las remesas pertenecen a la segunda categoría. No son “un indicador”. Son la despensa, la colegiatura, el tanque de gas, el pago del doctor, el uniforme escolar y, en no pocos casos, la última barrera antes de la pobreza extrema.
México se ha convertido en uno de los países que más remesas recibe en el mundo. Y aunque el gobierno suele presumirlas como si fueran un logro propio, en realidad son un síntoma pues el país no ha podido generar dentro de su territorio el ingreso que millones de hogares necesitan para sobrevivir, ah, pero enviamos “ayuda humanitaria a Cuba” sin revisar el patio propio.
Lo verdaderamente importante no es solo cuánto entra, sino para cuántos es vital. Las remesas sostienen a más de 10 millones de hogares, directa o indirectamente. Es decir: el dinero que llega desde Estados Unidos no es un lujo, es un sistema de soporte.
El peso de las remesas es brutal. Representan el 4% del PIB, sin ellas tendríamos un crecimiento negativo de más del 3%, quizá por eso el gobierno no quiere que repatrien a los “paisanos”, simplemente no sabría que hacer con ellos.
Así, las remesas cumplen tres funciones clave: Son un estabilizador social silencioso
Donde no llegan empleos formales, llega Western Union. Sostienen el consumo interno
Las remesas son un motor de demanda, tienditas, transporte, alimentos, renta, ropa, medicamentos. Y amortiguan crisis, cuando México se enfría (recesión, inflación, inseguridad), las remesas suelen funcionar como “seguro informal”, como hoy, ni más, ni menos.
Y aquí viene lo incómodo, lo que no nos dicen por la mañana, las remesas generan demanda y consumo, pero no producción. Las remesas no crean producción mexicana por sí mismas. Crean consumo, y gran parte de lo consumido —directa o indirectamente— termina siendo importado o dependiente de insumos extranjeros.
En otras palabras, México recibe el ingreso, pero una porción relevante del beneficio productivo se queda en Estados Unidos, porque ahí se generó el salario, y muchas veces también ahí se fabricó lo que después se compra en México.
Las remesas son, económicamente, una especie de “exportación de mano de obra”.
EL JUEGO DE TRUMP: Con Donald Trump, el tema migratorio deja de ser un debate social y se convierte en un arma económica, porque si Trump endurece deportaciones, permisos, empleo informal, vigilancia laboral y castigos a empleadores, el golpe no es solo humano, social o patriotero, es financiero.
Menos remesas, hoy, hoy, hoy, significan más pobreza regional, y eso, en estados como Michoacán, Guanajuato, Jalisco, Zacatecas, Guerrero, Puebla y Oaxaca, puede sentirse como una recesión regional.
El riesgo mayor (no pellizquen al niño, porque es llorón) ocurre si las remesas entran a la renegociación del Tratado (T-MEC). Este punto es clave y es peligrosamente realista, si Estados Unidos decide que la renegociación del T-MEC no será solo de autos, acero, energía o reglas de origen, sino también de “control migratorio” y “flujos financieros”, las remesas podrían ser tratadas como un flujo sujeto a monitoreo fiscal, un flujo sujeto a comisiones o impuestos, o incluso un flujo “condicionable” como presión política. ¿Ya lo sabrá el Secretario de Economía? ¿Ya lo valoró el Secretario de Hacienda?
EFECTO DEPREDADOR: Si Trump actúa en ese sentido, y todo apunta a que lo hará, se generará un efecto inmediato con menos dinero neto para el hogar mexicano, más presión sobre precios, y más demanda de sustitutos informales (canales no bancarios).
Y, atención y advertencia, el golpe vendría por dos vías, en primer lugar, aunque no se diga abiertamente, las remesas ayudan a familias, pero también contribuyen a la inflación local, no porque “sean malas”, sino por su naturaleza; en comunidades donde entran remesas, el consumo crece más rápido que la oferta local, entonces suben -ya lo hacen- rentas, alimentos, transporte, materiales y servicios.
El segundo impacto se denomina “inflación por sustitución”. Si bajan remesas, ocurre lo contrario, el hogar se queda sin ingreso, se endeuda, reduce consumo y presiona al mercado informal. El resultado es obvio, más precariedad, más informalidad, más abuso de precios y más “costo por ser pobre”; marginalmente, más delincuencia.
APLAUSOS POR DINERO AJENO: Lo más peculiar de las remesas en México es que se han convertido en una especie de “trofeo político”, Como si el gobierno dijera que el país marcha muy bien, ¡porque la gente se fue y manda dólares!”
Esto, que se repite una mañana sí y otra también, es una paradoja grotesca, el país expulsa población por falta de oportunidades, esa población sostiene a familias desde afuera, y el Estado presume el resultado como éxito macroeconómico.
En realidad, es como presumir que tu casa está impecable porque el vecino te presta la escoba. Y lo peor, en vez de tratarse como señal de alarma estructural, se normaliza como si fuera “una bendición”. Lo distraen con un concierto grupero y la negación económica del fenómeno.
Además, hay un giro que nadie quiere decir en voz alta, las remesas también pueden ser una herramienta de lavado, no porque la mayoría lo sean (no lo son), sino porque el mecanismo es perfecto para la delincuencia al operar montos relativamente pequeños, dispersos, frecuentes y con apariencia de “dinero familiar”. Se cobran con identidad prestada y convertirlas en “ingreso legítimo”. En términos simples: si puedes lavar en pagos chiquitos, nadie voltea.
DE FONDO
Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, experto en temas de desigualdad y estructuras productivas, ha resaltado que lo que separa a un país desarrollado de uno dependiente no es la cantidad de dinero que entra, sino su capacidad para generar ingresos dignos dentro de su propia economía.
Albert O. Hirschman, uno de los grandes economistas del siglo XX señala que cuando un sistema no ofrece futuro, la gente ejerce su derecho más silencioso… salir. Y eso es exactamente lo que son las remesas, la economía de los que tuvieron que irse porque aquí no alcanzó.
Así, sin que alguien nos lo diga, la emigración es, muchas veces, la forma más silenciosa y peligrosa de protesta económica ya que la pobreza no es solo falta de ingreso, es falta de capacidades y oportunidades.
DE FORMA
si la política de Trump empuja a más gente hacia canales informales (por miedo, por falta de papeles o por persecución), el riesgo se amplifica, habrá menos bancos disponibles, más efectivo, más informalidad y, desde luego, más invisibilidad.
DEFORME
México presume remesas como si fueran un éxito nacional. Pero en realidad son una confesión, no estamos exportando autos, estamos exportando mexicanos y si Trump decide cerrar la llave —por política, por presión o por negociación— el golpe será inmediato a la inflación, al consumo, a la estabilidad social, y al verdadero “programa social” del país que no lo paga el Estado, lo paga el migrante y, al final, lo pagamos todos.












