Published On: Lun, Ago 8th, 2011

Reeditan obra con testimonios de sobrevivientes de la Revolución

Los avatares de la lucha revolucionaria narrados por aquellas personas que vivieron esta guerra civil de las primeras décadas del siglo pasado, son recopilados en tres volúmenes del libro Mi pueblo durante la Revolución, publicado hace 25 años y cuya segunda edición fue presentada en la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH.

Se trata de una publicación coordinada por la historiadora Alicia Olivera Sedano, que se editó por primera vez en 1985, en el marco de la conmemoración por los 75 años del movimiento revolucionario, y que resultó de una convocatoria lanzada en 1984, junto con el antropólogo social Guillermo Bonfil Batalla (1935-1991), para recopilar los testimonios de la población que presenció el desarrollo de la Revolución Mexicana.

Editados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), los tres volúmenes contienen 30 testimonios que ofrecen un panorama del acontecer cotidiano durante aquellos años, en diversas regiones del país como Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Nuevo León y la Ciudad de México, entre otros.

En la introducción de la obra, Bonfil señala que no se narran los grandes hechos de la guerra, sino la vida diaria, las mil maneras de sobrevivir, el ir y venir de los contingentes militares, la leva, las penurias, la muerte, la esperanza o el desconcierto que despertaba en cada quien la lucha que incendiaba al país entero.

Con motivo de la reciente conmemoración del Centenario de la Revolución Mexicana, se presentó la segunda edición de Mi pueblo durante la Revolución, luego de que la primera hoy está prácticamente agotada.

En la presentación del libro la historiadora emérita del INAH, Alicia Olivera indicó que “este compendio alberga historias que tienen varios niveles, desde el emotivo hasta el histórico; casi todos los que respondieron a la convocatoria eran niños en aquella época y cuentan cómo era su vida en el campo o la ciudad durante la lucha armada, cómo tenían que esconderse cuando llegaban los ejércitos, cómo sobrevivieron gracias a los conocimientos de las plantas y los caminos, además de cómo se anteponía la solidaridad familiar y comunal por encima de las diferencias de mandos.

La investigadora detalló que el objetivo de la convocatoria del concurso, también llamado Mi pueblo durante la Revolución, fue obtener información testimonial, escrita o verbal, de la población adulta que vivió el movimiento, para conocer el sentir popular y real, las anécdotas, además de los acontecimientos y costumbres del periodo comprendido entre 1900 y 1920.

En su intervención, Salvador Rueda Smithers, director del Museo Nacional de Historia “Castillo de Chapultepec”, comentó que “cada uno de estos relatos tiene una riqueza excepcional, cada anécdota e historia son fascinantes.

La convocatoria para recabarlos fue puntual, se pidieron descripciones de la vida cotidiana, la participación de la comunidad en el conflicto armado, las causas y efectos de la lucha, los conocimientos que se tenían de cada uno de los personajes e ideales revolucionarios.

“Se recopilaron más de 200 grabaciones, cartas, escritos, hojas sueltas, fotografías, copias de documentos personales, versos, telegramas y apuntes de las historias de los viejos que seguramente no sobrevivirían con el paso de los años; con ello se logró dibujar una historia seca, ruda, verosímil, sufrida al vivirla y recordarla”, refirió el historiador.

Entre los testimonios recibidos destacan los redactados en náhuatl y zapoteco, que fueron traducidos al castellano gracias al apoyo del poeta oaxaqueño Macario Matus, quien en 1985 ganó el Premio del Museo Nacional de las Culturas Populares, por su relato La Revolución en Juchitán, Oaxaca, incluido en la obra.

Respecto a la primera edición de Mi pueblo durante la Revolución (Colección Divulgación 1985), los tres libros consistían en la transcripción de los testimonios y sin fotografías, y un diseño sencillo de pastas rústicas blancas, característica que tenían las publicaciones del INAH de aquel entonces.

En la reimpresión de la obra, de entre 200 y 300 páginas cada volumen, se incluyen imágenes de la época proporcionadas por el Sistema Nacional de Fototecas del INAH.

El primer tomo, de pasta verde oscuro, contiene 10 testimonios, además de la introducción de Guillermo Bonfil; a diferencia de la primera edición presenta un texto donde Alicia Olivera explica los motivos que la impulsaron a publicar los relatos que llegaron a sus manos; el segundo volumen, en color ocre, reúne ocho narraciones, y el tercero, de color rojizo, presenta una docena de historias.

Durante los comentarios del libro, Margarita Carbó, académica de la UNAM, manifestó que la riqueza del contenido de la obra radica en que las personas pocas veces dejan constancia escrita de sus vivencias, de sus acciones y de las circunstancias en las que transcurrió su vida.

“Las pláticas y relatos casi nunca trascienden los límites del ámbito familiar y local, así se pierde un rico acervo de las historias particulares, se pierden noticias y conocimientos acerca de la vida, de las antiguas costumbres, del lenguaje coloquial, elementos que de alguna manera constituyen ‘la carne y la sangre’ de la historia”.

Ejemplo de ello, dijo, es el testimonio San Miguel Xicalco en la Revolución, de Marcial Martínez Becerril (primer tomo), quien explica los momentos crudos de su infancia y la desaparición de su comunidad porque su reducida población se unió a las tropas zapatistas, “por ello mujeres y niños tuvieron que huir, y para sobrevivir comían hierbas y tomaban agua de los charcos donde bebían y orinaban los caballos”.

En los 30 testimonios elegidos para la publicación “se confunden y acompañan la vida y la muerte, la belleza, la solidaridad, el miedo, el dolor ante la injusticia y la lucha por alcanzar otro futuro; de una fuerza así está hecho el pueblo de México”, concluyó en su oportunidad la historiadora de la UNAM Raquel Sosa.

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