Washington.- El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, vetó hoy el proyecto legislativo para la construcción del oleoducto Keystone XL, una iniciativa impulsada por la mayoría republicana en ambas cámaras del Congreso.
Obama hace uso de esta prerrogativa por tercera vez en su mandato y echa fuego a la actual batalla en el Capitolio en torno al financiamiento del Departamento de Seguridad Interior (DHS, por sus siglas en inglés), bloqueado debido a condicionamientos de los republicanos para revertir las acciones ejecutivas en materia migratoria.
Tal como se suponía, la Casa Blanca emitió el veto de inmediato -la iniciativa fue recibida este mismo martes- y sin demasiado ruido.
Un elemento clave en la postura presidencial es que la propuesta de ley busca evitar un proceso de verificación y decisión de larga data que se encuentra en curso.
Los republicanos ya han advertido que la batalla por Keystone XL -un ducto que conectaría las arenas petrolíferas de Alberta, Canadá, con el golfo de México- no termina con esta decisión presidencial.
Este veto -etiquetado como obstruccionismo por el partido rojo- y la controversia en torno al presupuesto del DHS y los alivios migratorios autorizados desde el Despacho Oval limitarn las posibilidades de trabajo conjunto entre el Ejecutivo y el Congreso por el que abogó Obama al principio de la actual legislatura.
Desde el bando republicano se acusa a Obama de sacrificar miles de empleos que generaría Keystone XL, pero organizaciones ambientalistas y prominentes figuras de la sociedad norteamericana -entre ellos actores como Julianne Moore y Robert Redford- se oponen al proyecto.
Según el grupo 350.org, Keystone XL «contribuirá de manera espectacular al cambio climático» pues el impacto total de la contaminación carbónica que generaría el proyecto sería el equivalente a 51 millones de automóviles en la vía.
La organización incluso cita al Departamento de Estado para recordar que las arenas de alquitrán generan hasta un 19 por ciento más de gases de efecto invernadero que el combustible convencional.
Asimismo, los activistas contradicen los argumentos de los sostenedores del oleoducto al afirmar que el mismo acabará con más empleos que los eventualmente generados debido a los derrames tóxicos en tierras cultivables y recursos hídricos.
Señalan igualmente que apenas el 10 por ciento de los nuevos puestos laborales serían para trabajadores locales a lo largo de la ruta.










