Si estuviera en Provenza, la Toscana o el Ampurdán, no sería tan raro, pero asomado a la meseta segoviana, parece un espejismo, o un milagro. Un recinto medieval que sigue tal cual sobre un peñasco, ceñido de murallas y con una sola puerta de acceso. Dentro viven apenas 140 vecinos, pero en sus cuatro calles, que se pueden patear en cinco minutos, se guarecen cuatro hoteles de lujo y un par de casas rurales, una docena de restaurantes y otras tantas tiendas de capricho. En el último puente de la Constitución sirvieron en sus mesas, por turnos, 1.500 comidas. Y en los últimos «conciertos de las velas» (dos primeros sábados de julio, figuran en el Guinness de los récords), El Adelantado de Segovia (el diario provincial) calculaba la afluencia de unos 13.000 visitantes, que ni cabían. Pedraza es sin duda la envidia de la clase, el modelo de éxito a imitar.
Leer el artículo completo:
Pedraza, la primera de la clase








