Esta lucha entre el bien y el mal, entre el cristianismo y los siete pecados, los falsos dioses, fue un arma ideal que utilizó la Iglesia Católica para adoctrinar a los pueblos autóctonos en las primeras décadas de la colonización de la Nueva España y que posteriormente tomó carta de naturalización en el país
Lee el artículo completo en: El Universal: Minuto x Minuto









