David Cronenberg es uno de los mejores directores activos, su propuesta abarca desde el horror de sus primeros films (La mosca, Videodrome) -un estilo influyente aunque ya muy lejano- hasta dramas montados con piezas precisas que son una crítica fuerte al comportamiento humano (Una historia violenta, Promesas peligrosas), rasgo identificable en Un método peligroso.
Con una astucia muy grande Cronenberg muestra al espectador la historia de ‘la cura del habla’, el psicoanálisis, cómo fue utilizado por Carl Jung (Michael Fassbender) con una paciente rusa y judía (Keira Knightley), y la influencia y autoridad de Sigmund Freud (Viggo Mortensen).
Un método peligroso no es, en términos estrictos, una película que profundice abiertamente en el psicoanálisis, ha sido descrita como una comedia negra (Peter Bradshaw, The Guardian) que muestra el juego entre tres personas que estudian la conducta humana, eventualmente el personaje de Keira se convierte en psicoanalista, aunque no exentas de pasiones, prejuicios, dudas, es decir, el lado oscuro, todo lo que se oculta para vivir armoniosamente en sociedad.
Resulta cómico, y revelador, que los descubrimientos de Freud y Jung continúen escandalizando. La actuación de Knightley es interesante en términos de ambigüedad, sus contorsiones faciales producen risa, pueden interpretarse como falsas, y el recorrido continúa cuando confiesa la excitación que le causaban los azotes de su padre, algo que, como en historia edípica, repetirá con su doctor, Jung, que será su amante, aunque atormentado por la doble vida y el sufrimiento de su esposa. Freud, por otro lado, servirá de juez y patriarca, validando el comportamiento de sus colegas.
Un método peligroso es una película con una propuesta interesante, parsimoniosa, que desnuda un hombro, o un pecho, de la humanidad, todavía capaz de sonrojarse y culparse por sus deseos.
Aquí la célebre escena de las nalgadas de Fassbender a Knightley:
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