Han pasado ya dos años y medio de aquella terrible llamada que le cambió la vida por completo a Esther Hernández Palacios, autora del libro México 2010, diario de una madre mutilada, premio Testimonio Carlos Montemayor 2011, otorgado por el Instituto Chihuahuense de Cultura y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) el cual será presentado el próximo viernes 15 de febrero a las 19:00 horas en la Capilla Alfonsina.
La académica adscrita al Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana (UV), en entrevista para Conaculta meditó en torno a la desgracia que le impulsó a la redacción de un libro que según sus propias palabras, hubiera preferido no escribir nunca.
«Yo escribí el libro por dos razones. Una por mantener viva a Irene y otra para alzar la voz, por decir, no en un tono jurídico, ni de rebelión política, sino más bien en un tono de grito literario, pero no me quise quedar callada, por lo menos ahora espero que mi voz y este grito se compartan a partir de la difusión del libro.»
Cabe decir que el libro México 2010, diario de una madre mutilada fue publicado por la editorial Ficticia, en co-edición con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura y el Instituto Chihuahuense de Cultura.
«El libro lo inicié dos días después del asesinato de mi hija Irene. Le pedí a una amiga que me comprara una libreta de pastas negras porque quería llegar a mi casa para explotar en la forma en la que yo podía hacerlo.
El hecho de haber podido escribir un texto literario me permite llegar a más personas, llegar a otros lugares a los que sólo se llega a través de la literatura.
Puedo asegurar que este libro es lo más importante de todo lo que he escrito. Obviamente nunca había escrito un libro de creación como éste, sin embargo, hubiera preferido no escribirlo.»
El libro abarca un mes de testimonios complementados con notas periodísticas, cartas recibidas, experiencias de las amigas de Irene –su hija– y versos que a manera de epígrafe refuerzan cada uno de los pasajes que comparten, acompañan, denuncian, hieren y sanan –de alguna forma– esa mutilación de la que la madre y la sociedad mexicana somos objeto.
A este testimonial son convocadas, por Hernández Palacios, las plumas de César Vallejo, Miguel Hernández, Enriqueta Ochoa, Víctor Hugo, Julio Cortázar, Jaime Sabines, Luis Cernuda, Don Wislow, Federico García Lorca, José Emilio Pacheco, José Ángel Valente, Garcilaso de la Vega, Atiq Rahimi, Pablo Neruda, Walter de la Mare, Juan Gelman y Gansan, así como los versículos bíblicos Job 30-31 y Salmos 30-9.
«Pero todo lo que está dicho por mí y todos los textos intercalados están en el tono y son de estilo contemporáneo, que mezcla no sólo géneros sino también voces.»








