Una aproximación poética a la dictadura militar argentina, en donde imágenes que se fusionan con efectos sorprendes de luz, dan paso a la narración de la historia de una niña que vive en una situación de clandestinidad con su madre, quien se esconde de la persecución militar, es lo que se propuso mostrar la argentina Paula Markovitch en su película El Premio.
Con duración de 120 minutos, la cinta rinde un homenaje a la memoria e invita a realizar una revisión a la historia contemporánea, principalmente de los sucesos que implican un crimen social, «como fue el fascismo argentino, en donde no sólo hay víctimas y victimarios, sino una gran complicidad social que a veces se tiende a borrar porque no es un bonito recuerdo», declaró Markovitch.
En una época cruel, en días de incertidumbre, cómo deberíamos ser, es la premisa de El Premio, cinta que nos invita a conocer la vida de una niña de siete años que vive en una playa de inviernos fríos, a la cual su madre le pide que no repita en la escuela lo que escucha en su casa, ya que le explica, de su silencio depende la vida de la familia. Entonces ella se cuestiona ¿Qué debe decir? ¿Qué debe callar? y ¿Cómo debe comportarse para merecer el aprecio de su madre y de los demás?
«Y ante este panorama trato de plasmar cómo en las situaciones más hostiles y terribles, en este caso la dictadura militar, la alegría busca la manera de escabullirse y crecer. Esto a través de juegos que tienen niños en donde muestro cómo aún en medio de ese paisaje devastado y en esa época tremenda, ellos pueden reír y encontrar momentos de plenitud.
«Ya que lo que se entiende por dictadura es el crimen, la sangre, las torturas y creo que en esta cinta yo simplemente traté de mostrar otra faceta de este evento que lo aborde desde mi experiencia; la de una niña que no tuvo contacto directo con el crimen, pero que lo vivió», detalló la también guionista de la cinta.
La película fue filmada en una playa de San Clemente en Buenos Aires, Argentina, exactamente en el lugar donde la cineasta vivió y creció cuando era niña, porque su idea era buscar una locación que tuviera un paisaje que provocara una sensación de orfandad cósmica, «que esa playa me transmitía desde niña. Además de que quería hacer que la obra tuviera esa perspectiva que solo se encuentra ahí y que descubrí cuando viví muchas cosas mágicas estando ahí.
«Además porque es un lugar que me permite mostrar la perplejidad de la infancia ante un mundo devastado y cruel que no se puede entender. Pero al mismo, tiempo el desajuste que tienen los seres humanos recién llegados al mundo, cuando llegan de un lugar bonito a un espacio pervertido, mediocre y muchas veces cruel».









