Se marcó unos pases de baile al bajarse de la moto. Se lo había pasado en grande. Porque aunque es de esos pilotos inconformistas, que siempre quieren ganar, que siempre quieren más, entra también en el grupo de los que no piensan en fatalidades cuando se suben a la moto, cuando abordan cada curva o tienen al alcance otro carenado al que darle caña. Marc Márquez lo pasa bomba cuando debe arremangarse y ensuciarse las manos de barro, como en esta categoría intermedia, Moto2, tan dada a las carreras en grupo, a los apelotonamientos a cada cambio de dirección.
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Márquez hace lo que quiere









