Por una vez, la pregunta obligada en las entrevistas acerca de la edad del personaje es bien recibida. «Cuarenta y uno, y muy orgullosa de haber cumplido un año más», responde deprisa -y con una sonrisa que se agradece- Patricia García Prieto. Esta salvadoreña afincada en Bruselas intercala a gran velocidad durante la conversación palabras en inglés y francés adquiridas durante un periplo por Australia, Suiza y EE UU. Ha elegido para el encuentro una cafetería de un parque empresarial de las afueras de Madrid. Es puro sentido práctico: en el mismo edificio están las oficinas del laboratorio BMS, con el que trabaja en su último proyecto: impulsar mecanismos para que los pacientes -sobre todo los de melanoma, como ella- tengan acceso rápido a los ensayos clínicos, y que los medicamentos con buenos resultados sean aprobados lo antes posible. Lleva trabajando desde primera hora, así que pide el té casi por compromiso. Eso sí, cuando ve el pan con tomate no puede evitar comentar que «en España sí que viven bien».
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"Los terminales somos negociadores muy duros"








