El amarre, la más reciente novela de Margarita Peña, es un irónico relato que habla sobra la pasión que impera en la relación entre sus personajes centrales y los viajes que realizan por todo el mundo, con lo cual van creando un mapa del sexo y el amor que existe entre ellos.
El libro fue presentado este domingo 29 de enero de 2012, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, durante una sesión en la que participaron Vicente Quirarte, Edgardo Bermejo, Antonio Tenorio, Ignacio Trejo Fuentes y la autora.
En opinión de Quirate, la autora logra un divertido inventario sentimental y retoma la historia romántica sin prejuicios ni ataduras sociales, por lo que considera que la novela es sobre todo irónica.
Con delicadeza y profundidad, dijo el también escritor, plantea situaciones que en principio parecen dramáticas, pero que conforme se desarrollan, vamos descubriendo interpretaciones o resoluciones contradictorias.
Consideró también que la autora deja en esta obra que los personajes hablen por sí mismos en un entramado que se va entretejiendo a partir de sus deseos y su búsqueda por encontrarle
sentido a la vida, a través de constantes viajes por el mundo, que van de Río de Janeiro a pequeños poblados en México.
En su intervención, Edgardo Bermejo habló de la protagonista de la novela, una joven abogada de nombre Miranda White, quien es como una diosa llena de sexo, que posee un erotismo «nada chato ni comercial, sino que Peña lo utiliza para representar una manera de abordar el eterno femenino».
El amarre cuenta la historia de Miranda, una joven y solitaria abogada que se enamora profundamente de Alonso Mendizábal, un engreído ingeniero que va de paso por la ciudad donde ella vive.
Para evitar que al irse su enamorado la abandone y la olvide, decide echar mano de un recurso de hechicería erótica que se practica en su localidad, para nublar la voluntad del ingeniero y generar una atracción sexual irresistible entre ambos.
Cegada por su egoísmo, necedad y sentimiento exacerbado de afección, abandona su hogar para acompañar a Alonso en un largo viaje de trabajo que los llevará por diferentes latitudes del mundo como Brasil, Alemania y Londres.
Ignacio Trejo Fuentes, ensayista y escritor, dijo en su turno que la narrativa de Peña no posee género, es como los ángeles que no tienen sexo. El amarre, apuntó, se finca en uno de los mecanismos más atractivos de la literatura: la incontenida tensión dramática, al tiempo que posee un cumulo de historias, que se sustentan en la pluralidad de lugares y el atractivo del erotismo.
«Nunca intuimos cómo va a terminar la novela, ese es uno de sus mayores atributos, porque mantiene la atención del lector, quien queda atrapado sin remedio en esta trama, profundamente erótica, de esas que se leen sólo con una mano… espero entiendan a qué me refiero».
Antonio Tenorio, escritor y director de Radio Educación, consideró que el personaje de Miranda es en quien descansa la sólida arquitectura de la novela, que posee una profunda naturaleza desconcertante, porque su trama está llena de metamorfosis incesantes.
Mientras que los personajes van encontrando mundos en los que predominan las circunstancias y ambientes que no se pueden comprobar, en una especie de alegoría de la vida y que, en el contexto de la novela, adquieren una dimensión contundente de realidad.








