El miedo a lo desconocido y la incertidumbre de una familia que cada vez que escucha un ruido extraño se muda a un lugar más pequeño e incómodo provocando la frustración, enojo y coraje en sus integrantes, es la premisa principal de la propuesta escénica Los constructores de imperios o el Schmürz, del escritor francés Boris Vian.
La noche del 24 de enero en el Teatro El Granero, Xavier Rojas del Centro Cultural del Bosque inició temporada esta pieza dirigida por Mario Espinosa, en la que a través de golpes y maltratos el padre (León), la madre (Ana), y Cruche, la empleada del servicio doméstico, desahogan su ira y descontento en la figura del Schmürz, personaje que siempre está presente en el lugar al que se mudan, y que Zenobie, la joven hija de la familia, mira con cierta compasión.
Un sonido extraño y perturbador «sin importancia real» que bien puede ser un símbolo, una señal, referencia o aviso, desquicia la vida esta familia obligándola a subir un piso del edificio en el que habitan, dejando en cada mudanza sus recuerdos y la mitad de sus pertenencias.
Mientras el padre y la madre se convencen a sí mismos que el lugar que habitarán es agradable y que no tienen ningún problema «gracias a Dios», Zenobie rememora su antigua habitación, la cual tenía una linda vista con árboles; critica a sus progenitores por tratarla como una niña pequeña y por no explicarle de manera clara el por qué se huye de ese ruido, logrando como respuesta que una persona tan joven como ella «no pueda vivir de recuerdos».
En la obra, que habla sobre la educación, la angustia, la incertidumbre, la manera en la que se identifica el peligro, y el cómo el cambiar de lugar o residencia para algunas personas es dejar el pasado atrás y empezar de nuevo; se emplea una escalera metálica que se inclina hacia atrás y hacia adelante. Con ella, los actores representan su mudanza y el elemento a través del cual los personajes, uno por uno, desaparecen dejando al final solo en la habitación el Schmürz, como representación de los miedos, rabias y todo lo indeseable que los integrantes de esta familia no se atrevieron a enfrentar ni a hablar.
La puesta montada por la compañía Cornamusa con co-dirección de Alicia Sánchez, miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, está conformada por tres actos y dos intermedios en los que se interactúa con el espectador mediante el actor José Antonio Becerril (El Schmürz), quien mientras comparte en qué se basó para su interpretación se cambia de ropa para el siguiente acto, y Javier Rojas Trejo que canta en francés una canción de Boris Vian.









