Published On: Vie, May 27th, 2011

Los antorchistas potosinos y la desmemoria de su gobernador

Creo que los feroces ataques al PRI en cada elección, y en particular la de Presidente de la República, rebasan los límites de lo políticamente admisible y esperable en la lucha por el poder, dura y despiadada como toda lucha pero regida y normada por la ley, para adentrarse en los terrenos de la incriminación con acusaciones que debieran presentarse y demostrarse ante los tribunales. Muchas veces me he preguntado, al oír tales insultos, por qué, si quienes acusan con tanta saña tienen las pruebas suficientes, no proceden legalmente y no plantean, en un acto de elemental congruencia ética y política, la cancelación del registro al PRI. Pero no todas las críticas son falsas. Algunas, y no pocas, son indudablemente ciertas, y yo mismo he sostenido que el sentido de sobrevivencia debiera obligar al partido a reflexionar sobre ellas, y a tomar las medidas correctivas necesarias. Una de tales críticas, que hoy traigo a colación por su relación con mi tema, es la incapacidad de los priistas para aprender de sus errores pasados; su poca voluntad para cambiar, para adoptar una nueva cultura política, una cultura de modestia, de verdadera fraternidad con el pueblo y sus necesidades y, como lo más importante, de una nueva manera de entender y de ejercer el poder.

Esto se ve fácilmente en los priistas que arriban a cargos públicos relevantes. Lejos de la humildad republicana, de la seriedad y respeto irrestricto a los compromisos contraídos (de palabra o por escrito), de la laboriosidad que su cargo exige y de la irreprochable conducta privada y pública, lo que se nota a leguas es la arrogancia, la prepotencia, el despotismo y el endiosamiento de siempre. Y lo que más irrita a la opinión pública: el boato, el derroche en la vida cotidiana del funcionario; los gastos excesivos en vehículos, en la abultada y despótica guardia personal, en la numerosa corte de aduladores y serviles y, como la cereza del pastel, el olvido casi inmediato de las promesas hechas a los humildes (las hechas a los poderosos se respetan siempre, escrupulosamente). Un ejemplo de actualidad: el gobernador de San Luis Potosí, doctor Fernando Toranzo Fernández, quien recobró para su partido el gobierno de ese estado, por varios años en manos del PAN. La hazaña pudo concretarse, en buena medida, porque hizo eje de su campaña la misma frase que llevó al triunfo al Lic. Enrique Peña Nieto en el Estado de México: “¡Te lo firmo y te lo cumplo!”. Cumplir aquí lo prometido era, pues, cuestión de sensatez elemental. Pero el doctor Toranzo no lo ve así. Contra el sentido común, ha vuelto tranquilamente a lo de siempre: su seguridad, su corte de aduladores, la atención exclusiva a las “fuerzas vivas”. Los demás pueden esperar.

En vano los antorchistas potosinos hicieron gala de paciencia y espíritu de comprensión al esperar pacientemente a que los funcionarios “tomen todos los hilos del poder” y pongan en claro sus cuentas; al reducir el 100% de su demanda original a sólo un 5% actual; en vano, sobre todo en los últimos días, han mostrado racionalidad y espíritu de diálogo argumentando rigurosamente la urgencia y la viabilidad presupuestal de sus peticiones; en vano han recordado a todos que San Luis Potosí ocupa el sexto lugar en pobreza y el noveno en marginación en el país; que, según el INEGI, más de 350 mil potosinos viven hacinados en viviendas con pisos de tierra y techos de material perecedero, que más de 33 mil viviendas carecen de energía eléctrica y más de 140 mil carecen  de agua potable y drenaje; que según el propio gobierno, en los últimos 10 años más de 800 mil potosinos no concluyeron su educación básica por falta de escuelas y maestros; que en la Huasteca potosina azota la hambruna porque el campo está abandonado y el maíz es cada vez más escaso y caro; en vano, finalmente, han publicado sus demandas para probar que todas apuntan, precisamente, a paliar esa terrible situación. El doctor Toranzo es ya gobernador y el lema de “¡Te lo firmo y te lo cumplo!” ya jugó su papel. Punto y aparte.

Los antorchistas, pues, han sido literalmente obligados a salir a la calle a gritar su inconformidad. Y la respuesta, hasta hoy, ha sido fingir que ni se le ve ni se le oye, y mostrar a la policía, armada como para enfrentar al crimen organizado, dispuesta a tundir a palos y patadas los estómagos, ya muy maltratados por el hambre, de quienes protestan. Y uno se pregunta: ¿Es así como se demuestra que los priistas ya aprendieron las amargas lecciones del pasado? ¿Es así como se convence a los votantes de que los priistas son mejores para gobernar que sus opositores? ¿Así busca el doctor Toranzo mantener la gubernatura en manos de su partido, como es su deber? ¿Así contribuye al éxito de las campañas de sus correligionarios, las que ya están en marcha y las que vienen? Usted tiene la última palabra, amigo lector.

AQUILES CÓRDOVA MORÁN

 

Leave a comment

You must be Logged in to post comment.