Un total de cinco obras de autoras jóvenes provenientes de Argentina, Chile, Colombia, Uruguay y México, conforman el programa del Ciclo de Teatro Latinoamericano Contemporáneo, que se realizará del 12 de agosto al 10 de septiembre en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque.
Se presentarán Algo sobre una pareja y un hijo, de la argentina Agustina Gatto; Lizzie Borden de la mexicana Lucía Leonor Enríquez; Lulú de la chilena Ana Harcha; Yo he querido gritar de Tania Cárdenas Paulsen de Colombia y La realidad, de la uruguaya Denise Despeyroux.
Más que puestas en escena, precisó Saúl Meléndez, subcoordinador Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, se trata de lecturas dramatizadas, un formato que dijo, está vigente desde la década de los sesenta y que no es un camino intermedio a la puesta en escena, sino un fin en sí mismo.
El objetivo, agregó en conferencia de prensa, es conocer la dramaturgia contemporánea que se hace en Latinoamérica y a la que no se tiene acceso de forma sencilla, así como acercar a los creativos, directores y actores, mediante una especie de «provocación», a este tipo de textos que, quizá, nunca habían pensado montar.
Por ello, dijo, «a nosotros no entusiasma mucho porque de alguna manera estamos empapados en lo que se está escribiendo actualmente en distintos países y en esta ocasión, vamos a los países de habla hispana. Estamos buscando que el público venga a todas las lecturas, que es lo que sucede, porque ven una y ven otra y ven otra».
En esta ocasión, destacó, el criterio curatorial fue el de elegir autoras jóvenes latinoamericanas, cuyas edades oscilan entre los 25 y 36 años, cuyas obras son existenciales «basadas en actos concretos, no son reflexiones filosóficas sobre la existencia, sino son reflexiones necesarias frente a la existencia».
Por ejemplo, Algo sobre una pareja y un hijo, relata la situación de una mujer que se entera que está embarazada y que no sabe qué hacer, mientras que Lulú, trata el tema de una chica que descubre que es cero positivo, ante lo cual decide hacer una fiesta para reunir a todos sus amantes.
Son obras que tienen una visión del mundo interiorizado, «que parten desde una perspectiva completamente personal pues las autoras se sitúan a sí mismas frente al mundo y desde ahí alzan la voz» y están hechas con una forma de escritura que tiene una perspectiva real y concreta.
«El ciclo está dedicado a la dramaturgia construida por autoras, porque pensamos que dentro del mundo latinoamericano, no así en Europa, si hay un sesgo y el trabajo de las autoras está un poco más relegado que el de los autores hombres, son más visibles los dramaturgos que las dramaturgas, nosotros tratamos de trabajar un poco en este sentido».
Por ello, la directora Aleyda Gallardo, quien tiene a su cargo la lectura dramatizada de la obra Lulú, de la chilena Ana Harcha, consideró que la elección de autoras latinoamericanas en la curaduría de este ciclo, es «muy afortunada, muy linda y muy gozosa», pues además en estas obras hay muchos personajes femeninos, es decir, construidos para mujeres.
También celebró que se trate de lecturas dramatizadas, ya que así «podemos convertir en un acto colectivo, un acto que realizamos en solitario que es leer. Es el asunto de sentarnos en conjunto a disfrutar de escuchar y de leer y armar un juguete escénico, que puede ser muy divertido».
La directora señaló que la obra Lulú, si bien es un monólogo, «yo decidí hacerlo a tres voces, me parece que el asunto de la duplicidad y de cómo estaba tratado el tema de la pertenencia, ya que estamos enfocados en lo que nos importa, en este individualismo, era interesante compartirlo en colectivo».
Por su parte, el director Sixto Castro, que tiene a su cargo la lectura de la obra colombiana Yo he querido gritar, de Tania Cárdenas Paulsen, también celebró la realización de este ciclo, al que calificó como «una gesta bien importante para construir relaciones estéticas, sociales y generar discursos, primero desde una perspectiva transcultural, con países que compartimos raíces, culturas, contextos, incluso ubicaciones geográficas, lo que se señala y se acentúa».
El que se haya elegido textos escritos por mujeres, dijo, «es afortunado en la medida en que podemos también indagar y explorar en lo que es un punto de vista femenino, a la vez poderoso, a la vez fuerte, a la vez transgresor».
Yo he querido gritar, que es la obra que llevará a la lectura dramatizada, «es un texto brutal, que indaga en la intimidad de las relaciones hombre-mujer, que puede ser cualquier tipo de relación y que eso se va ondeando y nos alcanza y nos toca, es un texto que toca y transgrede y esa relación, esta intimidad, Tania Cárdenas lo lleva a lugares brutales, a lugares realmente por un lado conmovedores y por otro lado, ofrece una crítica mordaz, aguda, muy inteligente, de lo que es a final de cuentas la verdadera configuración de la violencia humana, cuáles son las causales psicológicas y sociales y cuáles son las consecuencias».
Además de las cinco lecturas dramatizadas, en esta ocasión habrá una actividad especial, una conferencia magistral a cargo de Juan Villoro, quien hablará sobre la literatura latinoamericana contemporánea, la cual se realizará el jueves 29 de agosto en el Teatro Julio Castillo.
El ciclo arrancará el 12 y 13 de agosto, con la lectura de Algo sobre una pareja y un hijo, de la dramaturga argentina Agustina Gatto, bajo la dirección de Matías Gorlero, mientras que los días 19 y 20 de agosto, se llevará a cabo la lectura de Lizzie Borden de la mexicana Lucía Leonor Enríquez que retoma el caso real de una joven pueblerina de Massachusetts, Estados Unidos, que asesina a su padre y madrastra.
Los días 26 y 27 de agosto, se presentará Lulú de la chilena Ana Harcha, bajo la dirección de Aleyda Gallardo, mientras que el 2 y 3 de septiembre corresponde el turno de Yo he querido gritar, para finalizar el ciclo con la lectura de La realidad, de la uruguaya Denise Despeyroux, los días 9 y 10 de septiembre.
La cita es a las 20:00 horas en el Teatro Julio Castillo, ubicado en el Centro Cultural del Bosque, Reforma y Campo Marte sin número, atrás del Auditorio Nacional y la entrada es gratuita.










