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Momento Diario | En el vértice de Puebla

Las apariencias engañan, la realidad asusta

admin by admin
junio 1, 2026
in Poder Económico | Adalberto Füguemann
Economía mundial 2026: estabilidad en el discurso, fragilidad en la realidad

“Si torturas suficientemente las estadísticas, acabarán confesando cualquier cosa.”
Ronald Coase

Cómo acabar con la pobreza con estadísticas:Imagine el amable lector a un padre de familia sentado frente a su esposa y sus hijos diciendo con entusiasmo: “ya estamos mejor”. Pero enseguida aclara que, para demostrarlo, ya no podrán comer carne más que una vez por semana, venderán el automóvil, cancelarán las vacaciones, dejarán de ir al futbol, cambiarán a los hijos de escuela y quizá hasta tendrán que mudarse a una casa más pequeña.

Técnicamente la familia sigue “funcionando”, incluso podría recibir algún apoyo económico temporal y no aparecer como desempleada. Pero en la vida real perdió estabilidad, patrimonio, consumo, calidad de vida y expectativas de futuro. Algo parecido ocurre hoy con buena parte de la economía mexicana, las estadísticas pueden decir que algunos indicadores mejoran, mientras millones de personas sienten exactamente lo contrario en su vida cotidiana.

Una mañana sí y otra también, México presume -con garigoleada verborrea- menos pobreza, desempleo históricamente bajo, fortaleza laboral y, en consecuencia, gran estabilidad económica. Sin embargo, millones de personas trabajan sin seguridad social, viven al día, sobreviven en la informalidad, no tienen derecho a pensión ni acceso real a salud o estabilidad laboral.

En realidad, la pobreza no ha disminuido, al igual que la inflación, simplemente cambió la forma de medirla. ¿Ya fue usted al súper esta semana? Las cifras oficiales afirman que la pobreza disminuyó en México y las sostienen con estadísticas, pero sin pruebas.

Hay una enorme diferencia entre aliviar pobreza extrema mediante transferencias y remesas, que construir prosperidad sostenible. Más del 55% de la población económicamente activa trabaja en la informalidad, eso significa millones de personas sin IMSS, sin pensión, sin vacaciones, sin estabilidad y sin protección laboral, aunque estadísticamente aparecen como “ocupadas”. Si alguien vendió un chicle en la semana que se considera, es “estadísticamente” persona ocupada.

EL “MILAGRO” DEL 3% DE DESEMPLEO: México presume una tasa de desempleo cercana al 3%, lástima que la mayoría de la población ni entiende ni conoce las fórmulas estadísticas ni la relatividad de los números, los políticos tampoco, pero las distorsionan y las usan.

En México, vender comida en la calle un día, manejar ocasionalmente una app, limpiar parabrisas, vender productos en redes, o trabajar sin contrato, ya cuenta como empleo, aunque no exista estabilidad, no alcance el ingreso y, fatalmente, no haya derechos laborales.

Adicionalmente, millones de personas dejan de buscar empleo, otros emigran y muchos sobreviven en la economía subterránea. Cuando alguien deja de buscar trabajo desaparece estadísticamente del desempleo. Esto significa que, al disminuir la base, mejora artificialmente el porcentaje, claro que eso no nos lo dicen, faltaba más.

La semana pasada, se dio a conocer otro indicador mucho más duro, el de la pobreza laboral, personas que trabajan, pero cuyo ingreso no alcanza para comprar la canasta básica. Y esa cifra rebasa el 30% de la población ocupada. En español cotidiano, millones trabajan y aun así siguen siendo pobres.

En palabras del premio Nobel de economía, John Kenneth Galbraith, las estadísticas pueden utilizarse para construir narrativas políticas cómodas mientras la realidad cotidiana permanece intacta, porque una economía no se fortalece con transferencias monetarias, se deben de sopesar productividad, empleo formal, movilidad social y capacidad de generar patrimonio.

Inexplicable o perversamente, el gobierno presume programas sociales, reducción de pobreza y estabilidad laboral. Esto desde en un atril, pero en la calle -la vida real- crece la informalidad, se incrementa la dependencia de remesas y millones sobreviven sin seguridad social. La pobreza puede disminuir en papel mientras la precariedad aumenta en la vida real.

Otro fenómeno que las estadísticas maquillan es el empobrecimiento gradual de la clase media. Miles de personas que hace algunos años tenían empleos relativamente estables, con ingresos equivalentes a siete u ocho salarios mínimos, hoy enfrentan despidos, recortes o recontrataciones con salarios mucho menores, muchas veces de apenas tres o cuatro salarios mínimos y sin las prestaciones que antes tenían.

Este núcleo creciente, aún no es calificado en niveles de pobreza, no necesariamente aparecen como desempleados, pero sí han perdido poder adquisitivo, capacidad de ahorro, acceso a vivienda, patrimonio y calidad de vida.

En términos reales, una parte importante de la clase media mexicana no está ascendiendo socialmente, se está precarizando lentamente mientras intenta sostener un nivel de vida cada vez más caro con ingresos cada vez más insuficientes.

Luego vienen los programas sociales, alivian la pobreza extrema, ayudan a millones y cumplen una función social importante, son necesarios, pero no productivos y mucho menos competitivos, pues no generan oferta, ni inversión, ni crecimiento sostenido o empleo formal.

La clase política, empoderada y cuestionada, reparte más riqueza de la que produce,
sin aumentar productividad y, como Cuba, Nicaragua, Venezuela o Argentina, termina enfrentando bajo o nulo crecimiento, deuda que será impagable y una incontrolable dependencia fiscal y fragilidad económica.

Siete años han fortalecido la gran paradoja económica mexicana, mientras las estadísticas oficiales afirman que hay menos pobres y menos desempleo, la economía prácticamente no creció en 2025 y distintos analistas ya anticipan una desaceleración aún más severa para 2026.

¿Cómo diablos puede disminuir la pobreza si no aumenta de manera importante la productividad, la inversión y el crecimiento real? La respuesta es que buena parte de la mejoría estadística proviene de transferencias, informalidad y cambios metodológicos, no necesariamente de una expansión sólida de la economía.

DE FONDO

Cuando la clase media pierde poder adquisitivo, millones sobreviven en empleos informales y el consumo comienza a frenarse por falta de ingreso real, el resultado inevitable es bajo crecimiento económico. Lo más preocupante es que esta película de terror ya se vio antes en Cuba, Nicaragua y Venezuela, gobiernos que inicialmente presumieron reducción estadística de pobreza mientras destruían inversión, productividad y capacidad de generación de riqueza. La historia demuestra que se puede maquillar la estadística durante algún tiempo, pero no se puede engañar indefinidamente a la realidad económica.

Rudiger Dornbusch y Sebastian Edwards advirtieron hace décadas que los populismos económicos suelen apoyarse inicialmente en expansión del gasto y transferencias para mejorar indicadores sociales rápidos, pero sin resolver problemas estructurales de productividad, inversión y empleo formal.

DE FORMA

México parece ser ese alumno que presume haber pasado el examen, pero copió mal las respuestas. Si millones sobreviven en informalidad, no podemos hablar de trabajo digno, es una invitación a la migración o, peor aún, a la delincuencia. La pobreza no desaparece porque cambie la estadística, lo hace cuando el trabajo permite vivir con dignidad, cuando mejora para toda la calidad de vida, para los que aportan y para los que reciben.

La nueva pobreza muchas veces no se ve en quien no trabaja, se ve en quien trabaja más y cada vez obtiene menos y, en consecuencia, aporta menos.

DEFORME

En México ya no solo preocupa el pobre que no logra subir, preocupa la clase media que lentamente empieza a caer.

Tags: aparienciasasustarealidad
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