
Kuala Lumpur.-Un motociclista impactó hoy con dos bombas (cócteles Molotov) una iglesia en el norteño estado de Penang, Malasia, que las autoridades interpretan como una escalada de la violencia interreligiosa.
Los informes destacan que el ataque se dirigía a protestar contra la colocación de pancartas con el término Alá en el exterior de tres recintos eclesiásticos en esa región septentrional.
Las dos granadas causaron daños mínimos en la instalación, aunque se anuncia una situación que puede derivar hacia una elevación de tensiones entre uno y otro bando de creyentes.
En todo caso, los funcionarios y la oposición han llamado a la calma para evitar males mayores.
La policía abrió una investigación bajo la Ley de Sedición, una legislación orientada a condenar las profanaciones de lugares de culto con intención de provocar tensiones religiosas, un delito grave en el país.
El ministro del Gobierno, Joseph Kurup, apuntó que callarse era lo más importante para aliviar la situación. «Cuanto menos hablemos, mejor será para resolver el problema pacíficamente», acotó.
Mientras, el pacto de la oposición liderado por Anwar Ibrahim se comprometió a trabajar con el Gobierno del primer ministro Najib Razak, en aras de restablecer una armonía racial y religiosa.
Otros líderes civiles como el caso de Sanggat Singh, de la agrupación Pure Life, se han decantado por temas de gran incidencia en la población como los subsidios, el costo de la vida, y obviado los choques interreligiosos.
De cualquier manera, se espera una respuesta firme e imparcial del gobierno contra quienes intentan avivar el odio racial y se ponga freno a la tensión.









