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Momento Diario | En el vértice de Puebla

La procrastinación política: El arte de gobernar mañana… o después

admin by admin
agosto 3, 2025
in Poder Económico | Adalberto Füguemann
Economía 2025: Entre la fe, el azar, el bitcoin y Trump

“Dejemos para mañana lo que no se pueda robar hoy”
Sabiduría popular

LA PEOR DECISIÓN ES… APLAZAR UNA DECISIÓN…: La procrastinación política -y de todo tipo- es el hábito de postergar decisiones clave, especialmente aquellas que, aunque necesarias, pueden ser impopulares, complejas o riesgosas. No es simple pereza: es una estrategia, consciente o inconsciente, de los gobernantes para evitar costos políticos inmediatos.

A diferencia del ciudadano que aplaza ir al dentista, el político que procrastina puede costarle al país años de desarrollo, billones en recursos fiscales, miles de empleos o incluso vidas humanas.

La razón más poderosa para procrastinar desde el poder es el calendario electoral. Reformar pensiones, eliminar subsidios ineficientes o subir impuestos puede ser necesario, pero es letal en términos de votos. Así, muchos gobiernos optan por patear el balón para el siguiente sexenio, o para cualquier lado. Después de todo, si el desastre ocurre cuando ya no estás en el cargo, técnicamente no es tu culpa… ¿verdad?

También influye el miedo a los grupos de interés. Trump, los sindicatos, los empresarios o las burocracias capturadas pueden convertirse en murallas de contención. Mejor no moverle, dicen. La procrastinación se vuelve entonces un escudo de supervivencia política en vez de un acto de cobardía pública. Pero el resultado es el mismo: nada cambia, aunque todo empeore.

Lo político permea, en EE. UU., un estudio de 2010 (citado por Steel) concluyó que los empleados perdían más de 2 horas por día haciendo tareas improductivas, resultando en una pérdida superior a 1.2 billones de dólares solo en ese año.

Si multiplicamos las horas mañaneras, más las estatales que las replican, la hora del jaguar y todos esos shows institucionales que posponen todo y resuelven nada, podemos ver un costo superior al tren Maya o al pospuesto y procrastinado LitioMex.

NO SON ESPECULACIONES: Piers Steel y Joseph R. Ferrari analizaron una base de datos de más de 22,000 personas, y concluyeron que niveles elevados de procrastinación están asociados con salarios más bajos, duraciones laborales más cortas y mayor probabilidad de desempleo o empleo parcial en lugar de ocupar un puesto de tiempo completo. Parece que procrastinar es contagioso y piramidal y, sí, influye en las elecciones y, desde luego, en la economía.

En cuestión de género, tan de moda, se estima que, si las mujeres procrastinaran tanto como los hombres, habría 1.5 millones menos de mujeres en empleos de tiempo completo en EE. UU.

George Akerlof, Premio Nobel de Economía, señala que la procrastinación revela los límites del pensamiento racional (“para arriba es ascendente y para abajo es descendente”, nos dijeron con mucha autoridad) y está vinculada al descuento hiperbólico (hiperbolic discounting), lo que lleva a preferir recompensas inmediatas frente a beneficios futuros.

Su análisis muestra que la procrastinación puede derivar en costos económicos considerables, tanto personales como institucionales y como poco o nada se cumple y todo se pospone, con costos billonarios que pagan, cómo no, los que pagan impuestos y procrastinan menos, pero sufren más.

Dan Ariely, profesor de economía del comportamiento, ha investigado cómo factores psicológicos llevan a la procrastinación. En particular, su estudio clásico e imperdible, “Procrastination, Deadlines, and Performance: Self‑Control by Precommitment” expresa que la falta de autodisciplina y de cultura, y la ambición personal, afectan la productividad y, por extensión, los resultados económicos. Se habla sin sentido, se posponen decisiones que nunca llegan y se derraman palabras vanas en mañaneras de chisme y de vacío, justo lo que es procrastinar.

DE FONDO: La procrastinación tiene un costo económico directo y acumulativo. Postergar una reforma fiscal genera déficit; no invertir en infraestructura hídrica, pérdidas multimillonarias por desastres naturales. El *Stern Review* sobre cambio climático calculó que no actuar podría costar hasta el 20% del PIB global y no es una cifra menor. En México, no reformar el sistema de pensiones o mantener subsidios a energéticos ineficientes (¿dónde quedó el Litio y su Tadei Piloto?) equivale a hipotecar el futuro por miedo al presente.

DE FORMA: Aunque parezca contradictorio, procrastinar requiere talento: saber cuándo no hacer, cómo no decidir y a quién culpar por la inacción (“El tren Maya será rentable en 2030”, le toca a otra administración, antes fue pateado para el 2024, la verdad es que nunca será rentable y sí un billonario despilfarro) Los políticos han convertido la dilación en un arte retórico. Crean mesas de análisis, foros de consulta y “planes de largo plazo” que nunca llegan. ¿Alguien leyó y analizó el mal llamado Plan México? Como decía un viejo burócrata: “Lo importante no es resolver el problema, sino administrarlo con elegancia hasta que ya no sea tu problema.”

DEFORME: Cuando la procrastinación se vuelve patológica, el país entero se paraliza. Venezuela pospuso durante años el mantenimiento de su infraestructura energética; hoy tiene apagones crónicos. Pemex lleva décadas sin reestructurarse y es ahora una deuda flotante. De Cuba no hablamos, se estacionaron en 1959, En Italia y en Grecia, los sucesivos aplazamientos de reformas estructurales los condenaron a un crecimiento anémico y a una montaña de deuda. La inacción se vuelve ruina disfrazada de cautela.

En contraste, países como Noruega, Finlandia o Nueva Zelanda suelen procrastinar menos. ¿La razón? Tienen instituciones fuertes, visión de largo plazo y ciudadanía exigente y culta. Allá los políticos no solo gobiernan: planifican. No sorprende que lideren los rankings de desarrollo humano, calidad educativa y competitividad económica. La diferencia no es cultural, es institucional (y un poco de amor propio nacional).

COLOFÓN: Gobernar es tomar decisiones difíciles. Postergarlas es fácil, pero caro. Mientras el político duerme tranquilo sabiendo que no firmó nada comprometedor, o que hizo firmar a alguien más tonto, el país se desvela o se desmañana esperando soluciones que siempre llegarán… mañana. O pasado mañana. O en el próximo sexenio. O son culpa de los de antes…

Tags: despuésgobernarpolíticaProcrastinación
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