“Cuando la inseguridad mata a la inversión antes de que nazca, hay que tener mucho cuidado.”
J.K. Galbraith
CASO REAL: nos escribe el propietario de un pequeño grupo de hoteles y residencias de descanso, que decidióexplorar un terreno para un nuevo desarrollo. El proyecto es bueno: flujo estable, generación de empleo, integración con la comunidad y posibilidades de expansión. Todo ibabien, aparentemente, hasta que apareció el factor que nadie quiere nombrar pero todos sienten en la nuca, el miedo.
No miedo al fracaso empresarial —ese es parte del riesgo natural de emprender— sino miedo a que la ley no llegue, a que una autoridad no responda, a que los grupos violentos decidan el costo de operar, o a que un acto arbitrario de gobierno tumbe una inversión legítima.
De repente, las preguntas de nuestro lector ya no son las técnicas de un inversionista serio, sobre su Tasa Interna de Retorno (TIR) o su costo de oportunidad al apostar por este proyecto de apoyo a la calidad de vida de los adultos mayores.
Ahora, nos dice, se hace preguntas de supervivencia.Nuestro lector, a raíz de recientes acontecimientos, se pregunta y nos pregunta si llegará la policía si la necesita, y si le brindará apoyo y seguridad. Por inversionistas y empresarios cercanos sabe que la gente se siente insegura, que tienen miedo a ser extorsionado por quien ya asume y presume la ley del más fuerte y se cuestiona, con razón, si la autoridad respalda documentos o los desconoce si cambia el clima político.
Si estas preguntas aparecen, la inversión no muere por falta de dinero, muere por falta de confianza. Y la confianza es, o debería de ser, el capital más valioso de una economía moderna. ¿En verdad domina el miedo y frena la inversióny el empleo bien remunerados y al propio crecimiento económico del país? Pareciera que estamos en el umbral de esta situación
EL COSTO ECONÓMICO DEL MIEDO.
Los economistas llevan años demostrando que las economías crecen cuando el riesgo es medible, pero se frenan cuando el riesgo es arbitrario. Y no hay riesgo más arbitrario que la inseguridad y la ausencia de un estado de derecho real.
Y sí, el miedo mata al desarrollo (Cuba, Venezuela, Zaire) porque, entre otras cosas, genera un Incremento de costos operativos, hace que se requieran más guardias, más cámaras, más seguros, más blindaje. Todo esto hace que, en el mejor de los casos, se tengan que duplicar los gastos para proteger personal y mercancía y, sencillamente, la Inversión se desvía del crecimiento hacia la supervivencia, o, simplemente, se retira cautelosamente.
Estamos ya enfrentando un panorama de menor inversiónnacional y extranjera Un país puede tener recursos, talento y ubicación privilegiada, México los tiene, pero si no hay certeza jurídica, no importa. Las calificadoras lo saben; los bancos lo saben; el inversionista familiar también lo sabe.
Y el odiado mercado, donde se generan oferta y demanda, producción y crecimiento, ahora consume menos, invierte menos, emprende menos y la economía se miniaturiza.
En regiones de alta sensibilidad, las zonas más inseguras se quedan atrás y las zonas más estables concentran capital. Resultado, dos Méxicos, separados por la certeza jurídica y la capacidad del Estado para proteger.
En suma, la inseguridad y un “estado de derecho de discurso” son un impuesto invisible que todos terminan pagando; tasas de interés más altas, proyectos más caros, plazos más cortos, precios más altos
Economistas destacados como Daron Acemoglu, James Robinson o Luigi Zingales han demostrado que las instituciones fuertes —no el discurso sobre ellas— son lo que genera prosperidad. Donde la ley es vigilante y no discriminatoria, la economía florece.
Donde la ley es decorativa, la economía sobrevive a ratos.
Cuando se gobierna con discursos, la economía se vuelve un acto de fe y los inversionistas no invierten con rosarios, ni como última alternativa. Claro, en el mundo del discurso oficial, todo está perfecto. Un día sí y otro también nos recalcan, con énfasis patético, que hay seguridad… aunque todos vean lo contrario; que hay estado de derecho, aunque los jueces cambien de criterio según la hora y la línea; y, a medida que cae la inversión nos atosigan con frases hechas para señalar que hay confianza para invertir, aunque los empresarios tengan reuniones secretas para preguntarse quién será el próximo extorsionado.
Con dos siglos de desfase, la estrategia gubernamental para “atraer inversión” sigue el manual clásico del autoengaño, todos los días se anuncian megaproyectos sin estudios; se promete certidumbre legal vía conferencias de prensa; se asegura que la inseguridad es un invento de opositores, periodistas y vecinos armados y se aplaudecuando alguien invierte, aunque lo haga en un búnker.
La realidad es más simple y más cruda, la inversión no le teme a los impuestos, le teme a la impunidad. No se va porque gobierne la izquierda o la derecha,
Se va cuando percibe -los mercados son muy sensibles- que gobierna la inseguridad, o porque reina el caos jurídico, porque predomine el miedo a que mañana la ley diga otra cosa y a veces porque los criminales cobran más puntual que el SAT.
Así, mientras los discursos hablan de “confianza”, la gente que realmente mueve la economía vive en modo “mejor espero”. El país avanza con freno de mano y los proyectos que podrían transformar regiones enteras se quedan en la libreta, no por falta de ideas, sino por falta de garantías.
DE FONDO
En informes recientes se destaca que México está transitando por un escenario de moderación del crecimiento y un entorno de seguridad intensificado,eufemismos obsoletos que tienen efectos sobre la economía.
Estos análisis señalan que la economía mexicana no se acelera, mientras que los costos asociados a la seguridad y gobernanza siguen siendo relevantes y sin resultados reales.
DE FORMA
En proyectos de inversión realmente productivos, esto implica que los supuestos de crecimiento deben ser conservadores y considerar probabilidades de choque. El entorno de moderación implica que los ingresos esperados pueden tardar más en materializarse, lo cual exige margen de seguridad.
Por otro lado, una agenda de seguridad más activa, no reactiva a un hecho sensible como el caso Michoacán reciente, puede abrir oportunidades en ámbitos de servicios vinculados (por ejemplo, residencia para adultos mayores, logística, servicios, cooperativas, etc.).
DEFORME
El pobre discurso oficial sobre seguridad jurídica, administrativa y física y la más precaria respuesta popular. Son más importantes los Tigres del Norte o el América que el futuro de nuestros hijos…










