Published On: Lun, Ago 19th, 2013

José María Pérez Gay ganó su pasaporte al cielo de las letras: Hugo Gutiérrez Vega

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«El Canal 22, las redacciones, las embajadas, la lucha social, pero sobre todo la difusión de la cultura, fueron los ámbitos por donde transitó José María Pérez Gay, siempre con prudencia, honestidad y con un profundo humor e inteligencia, elementos que le han asegurado un pasaporte al cielo de las letras», expresó Hugo Gutiérrez Vega al participar la tarde del domingo 18 de agosto, en el homenaje para recordar al académico, traductor y ex director de Canal 22, José María Pérez Gay, fallecido el pasado 26 de mayo de 2013.
En el acto realizado en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, estuvieron presentes María Cristina García Cepeda, directora del INBA; Juan Ramón de la Fuente, Luis Miguel Aguilar, Raquel Serur, Rolando Cordera, bajo la moderación de Héctor Orestes Aguilar.
Hugo Gutiérrez Vega recordó cuando en 1964, en Roma, conoció a José María Pérez Gay, cuando siendo sólo un muchacho llegó a pedirle ayuda después de sufrir un asalto donde le robaron todo.
«Ese preocupado muchacho llegó a mi modesto despacho de agregado cultural en Italia, que era en realidad un cuchitril. Me decía que debía llegar a Viena y que tenía una beca. Recuerdo que se sentó tembloroso en la silla y comenzamos a platicar y surgió el tema del ‘imperio perdido’, el que tuvo lugar en Viena. El joven Chema era toda una fuente de conocimiento, hablamos y hablamos y fuimos a comer a una tratoría donde Chema se abalanzó hambriento en el platón de spaguetti a la bolognesa».
Fueron dos mil liras, recordó Gutiérrez Vega, además de un desayuno con frijoles refritos, lo último con lo que pudo ayudar a Pérez Gay en aquel primer encuentro en Europa a mediados de los años sesenta.
«Años después al leer El Imperio perdido me reencontré con José María Pérez Gay y poco después en la redacción de La Jornada, y entonces seguimos sacando a la luz a nuestros héroes culturales».
Aseguró que José María Pérez Gay siempre tuvo siempre presentes a la democracia, justicia y lucha pacífica para lograr el cambio que nuestra nación necesita.
«Tanto hizo aquel muchacho que acababa de ser asaltado en Roma y a quien tuve la fortuna de agilizarle su pasaporte, buen viaje Chema, todos te recordamos y sigues estando entre nosotros», concluyó Hugo Gutiérrez Vega.
María Cristina García Cepeda, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, dijo que José María Pérez Gay adoptó desde muy temprana edad la cultura alemana que marcó su obra, y más cuando vivió a lo largo de 16 años en Europa, convirtiéndose en un puente de esa cultura con México.
¨Decía que reescribimos la memoria como reescribimos siempre la historia, además de que confesaba que la pantalla de la computadora se había convertido en una caverna platónica de la soledad donde podía crear de forma más fácil, pero extrañando su vieja máquina de escribir. Sus obras continúan entre nosotros y las nuevas generaciones deben conocerlas», rememoró la directora del INBA.
Juan Ramón de la Fuente afirmó que José María Pérez Gay llegó a Alemania en 1964, a la edad de 21 años, encontrando ahí el corazón de la cultura filosófica europea, pero al mismo tiempo se planteaba cuestionamientos sobre cómo pudo precisamente en esa nación que el genocidio de los nazis hubiera podido surgir.
«Su partida dejó en muchos de nosotros un hueco irremplazable, fue en la Universidad de Berlín donde se dio cuenta que la cultura era la principal herramienta para fortalecer la dignidad de la vida. Alemania fue para Chema un largo camino de descubrimientos, encontrando en los libros siembre el último reducto para que la barbarie pudiera acabar»:
Recordó que José María Pérez Gay trajo a México a muchos autores alemanes, además de inspirarse para crear obras como El Imperio perdido, donde volcó todos sus conocimientos sobre la riqueza y los avatares del imperio astro húngaro.
«Si bien su carrera diplomática también tendió puentes, intuyo que sus esfuerzos más genuinos fueron los que realizó con más discreción. Sin embargo su incursión en los medios culturales como la radio y la televisión fue una manera de dar a un nuevo público su conocimiento. Periodismo y literatura convergieron para él con un mismo propósito, siendo el destinatario un público que se sentía en la orfandad cultural¨.
Y agregó: «Decía que invitar a leer por cualquier medio, fue televisión, radio y prensa, era invitar a pensar, y eso, decía, era la mejor herramienta para lograr un mejor mundo. El suyo era siempre un pensamiento idealista que propugnaba por la libertad del hombre a través de la razón»:
Rolando Codera definió a José María Pérez Gay como un mexicano germánico que nos obsequió obras que son un inagotable abanico de sueños, pasiones y pesadillas, recreando además esos años de plomo mexicanos donde había una sensación de tiempo amortajado.
«Fue un hombre sensible siempre abierto al conocimiento que vivió y analizó las efervescencias de los cambios políticos del mundo, desde el Che Guevara hasta los bombardeos en Vietnam. Fue un militante del reclamo popular, siempre un conversador de reflejos rápidos que nos enriqueció con su presencia en muchos medios».
Aseguró que José María Pérez Gay decía que todavía carecemos de una historia cultural del país que integrara a todos los mexicanos y de ahí la importancia de difundirla por cualquier medio.
¨Ante la muerte que, como afirmaba Canetti, es odiosa, nos queda el recuerdo de haber vivido muchos grandes momentos con Chema, por eso a menudo cuando pienso en él, recuerdo a Paul Celan cuando dijo: ‘Pon tu bandera a media asta, su nombre siempre estará con nosotros, muy lejos del olvido’».
Luis Miguel Aguilar recordó las reuniones con los Pérez Gay en la calle de Cadereyta, en la Condesa, donde además José María tenía su estudio de traductor acaparando toda la mesa del comedor.
«Solía hablar a todos para leernos todos los avances de su traducción, preguntándonos nuestra opinión sobre alguna minucia exquisita. Pocas cosas hubo en mi vida tan anhelantes como encontrar sus traducciones del alemán ya fuero a través del teléfono o en las diversas publicaciones donde colaboraba».
Luis Miguel Aguilar evocó la manera cómo Pérez Gay se antepuso a su enfermedad nunca perdiendo su sentido del humor. «Decía que el cuerpo con el dolor comienza a hablar, y agregaba: ¡Que peroratas se avienta, hijo de la chingada!’».
Finalmente, Raquel Serur recordó que José María Pérez Gay fue un Homo Legens que leía por placer, siendo su biblioteca su hábitat donde se proyectaba su interior.
«Cada uno de sus libros es una pasión que no culmina con el tiempo, José María Pérez Gay fue siempre a través de la lectura y el conocimiento al encuentro con el otro. Para él leer fue siempre la mejor forma de ser y participar en el mundo, y afortunadamente todo ello lo compartió con nosotros».