A veces sólo hay que cambiar el punto de vista de lo «trillado» para que un relato entre en una nueva dimensión. La discusión de lo que significa que México esté catalogado como fuente, tránsito y destino para la trata de personas ha tomado una nueva perspectiva.
Esta reflexión se halla entre el asombro, el dolor y la crítica a una sociedad que a pesar de sufrir y vivir inmersa en un entorno violento, no hace nada para cambiar o simplemente finge que no ve lo que sucede.
Se trata de la obra Si un árbol cae que inició temporada en el Teatro Helénico del Centro Cultural Helénico. Esta historia es protagonizada por dos mujeres, dos rostros, dos árboles «que caen en el silencio del bosque».
Dos voces que dan voz y cuerpo al grito de miles de niñas y mujeres que son víctimas de la trata de personas con fines de explotación sexual, estas dos historias invitan al espectador a conocer esta nueva perspectiva de la trata de personas.
Las protagonistas llevan al público por un viaje que transporta a un lugar desconocido en donde los sueños se rompen, existen las represalias violentas por denunciar a los victimarios, las mujeres no son valoradas y nada más se les ve como un objeto sexual o simplemente nada se puede cambiar.
Durante 90 minutos Judith Cruzado, Yara Guerrero y Rubén Olivarez, apoyándose en proyecciones multimedia que recrean ambientes o acontecimientos, dan vida a diversos personajes inmersos en el ambiente de la trata de personas.
Policías corruptos, personas que venden, violan o buscan a su familiar; novios que venden a su pareja para saldar cuentas o comercian a diversas mujeres simplemente por «culpa del destino o la mala suerte» se ven inmersos en este mundo de desvalorización y humillación
La obra cuenta con la escenografía e iluminación de Félix Arroyo y la dirección y animación multimedia de Alfonso Blancas, elementos que nos permiten adentrarnos en la vida de cada uno de estos personajes y poder apreciar cómo el autor de la pieza realiza una crítica a las leyes y normas sociales.
Pero también hace un cuestionamiento a la forma en que enfrentamos este tipo de problemas sociales de los que también somos partícipes; los hombres por contratar estos servicios o acudir a los lugares donde se encuentran las mujeres que sufren de trata, y las mujeres por el miedo, por no saber qué hacer cuando están inmersas en este mundo o por ver y no denunciar.
«—¿Si un árbol cae en un bosque solitario hace ruido al caer? —claro que hace ruido… —Eso le dije pero me dijo ¿y cómo lo sabes si nadie lo escuchó?, eso no importa, el árbol cae y hace un sonido al caer…sí, se lo dije, pero él me dijo que si nadie lo oía, nadie puede saber que cayó y entonces el que el árbol cayera a nadie le importa», narran entre sí los actores, quienes a través de las diversas situaciones que viven se encuentran de forma trágica con su destino.
Dentro de las actividades que se realizan alrededor de la obra se encuentra una sesión de mediación con un experto en la materia que platicará con el público al finalizar la función sobre aspectos clave de este delito y las formas para evitar ser una víctima.
También en la página http://www.siunarbolcae.mx/ el público podrá conocer la campaña digital Ni dulce, ni sutil, ni sexy…la trata esclaviza, un sitio web de donde se podrán descargar carteles, postales y fondos de escritorio que invitan a reflexionar sobre el tema de la trata de personas.
Si un árbol cae se presentará todos los lunes hasta el 5 de agosto, a las 20:30 horas en el Teatro Helénico del Centro Cultural Helénico, ubicado en avenida Revolución 1500, colonia Guadalupe Inn. Los boletos tienen un precio de 200 pesos.
Sin precio EN LA PIEL
Minutos antes del estreno de Si un árbol cae en el lobby del Teatro Helénico se realizó la inauguración de la exposición fotográfica Sin precio en la piel de la fotógrafa Lizeth Arauz Velasco.
En la ceremonia inaugural estuvieron presentes el presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), Luis Armando González Placencia; el director general del Centro Cultural Helénico Jaime Márquez Díez-Canedo y la fotógrafa.
Jaime Márquez comentó que esta muestra aborda la trata de personas con fines de explotación sexual, «un tema fuerte y duro del que se debe de generar conciencia a través de exposiciones como esta ya que el silencio nos hace cómplices de este delito».
Para Luis Armando González Sin precio en la piel, permite enfocar el problema de la trata de personas «desde una perspectiva creativa, más social y cercana a la gente. Una que permite llegar a la conciencia de las personas para que en el futuro nuestras hijas e hijos eviten ser tratantes y por lo tanto evitamos que sean tratados».
Sin precio en la piel es una serie de 30 retratos realizados a los cinco actores de la obra Si un árbol cae, imágenes que buscan, de manera conceptual, simbolizar el dolor a través de la gesticulación, la dramatización y las experiencias o sensaciones tanto de un tratante como de una víctima de trata.
«La idea fue —señaló en entrevista la fotógrafa— reflejar que la trata de personas se da en todos los niveles y no es ajena a nosotros. Traté de mostrar emociones por eso verán retratos en donde hay muchas lágrimas y la sensación de estar partidos.
«La idea es que las imágenes nos ayuden a hablar del dolor y que cuando la gente las vea, reflexione y diga ‘es una chica que no se la está pasando bien’.»
Los retratos están montados en soportes no convencionales; pendones transparentes, fotos en gran formato, paraguas, futones, bolsas, playeras y cojines, para mostrar que la mujer «es mucho más que una dadora de placer.
«Cómo sociedad estamos aceptando todo el tiempo que sea el cuerpo femenino un objeto exclusivamente dador de placer. El objetivo de la exposición es hacer que, al menos una persona, después de ver esas imágenes, haga una pausa en su vida y se dé cuenta que no estamos haciendo nada en torno a la trata de personas», añadió la fotógrafa.
Finalmente Lizeth Arauz dijo que la muestra busca informar al público, principalmente a los jóvenes y niños, sobre el tema de la trata de personas para evitar «que sean mañana tratantes o tratados.
«Y la cámara fotográfica te permite eso, el poder contar historias a través de la imagen fotográfica. El silencio nos hace cómplices y la fotografía nos permite compartir las ideas para acercar la información a las personas y evitar que se sigan realizando estas actividades», concluyó la artista visual.










