
El doctor Guillermo Deloya Cobián Presidente Nacional del Instituto de Capacitación y Desarrollo Político del PRI, nos comparte una reflexión sobre el acoso, y la violencia entre, y contra, los niños y los jovencitos.
“Desde todos los estados del país y en todas las plataformas de comunicación hemos visto indignación ante los sucesos que se han registrado en las últimas semanas: los casos de bullying, uno de ellos terminado en tragedia: la muerte de un menor tamaulipeco, y de maltrato a niños en sus propias casas”.
“Estas líneas no son un paréntesis a los temas de política nacional y políticas públicas que suelo abordar, sino un acercamiento a un problema alarmante. Creo que debemos combatirlo ya mismo, sin dilación, desde el espacio en que cada uno de nosotros nos encontramos”.
“A mí también me conmueve e indigna la muerte de Alejandro, el alumno de secundaria que falleció por haber sido golpeado y azotado contra una pared por sus propios compañeros de salón. Desde Tamaulipas, la noticia nos cimbró a todos los padres de familia, estoy seguro”.
“Nos enteramos de la situación por los casos extremos, o los que se suben a redes en fotos y videos, pero ignoramos el panorama completo. ¿Qué pasa en nuestra ausencia y de los maestros? Las aulas son espacios donde nuestros niños y adolescentes deberían encontrar gente para tejer lazos de solidaridad y aprender a resolver las diferencias en forma constructiva. En vez de eso, son campos de batalla en que imperan la crueldad y la alevosía y se ejerce la complicidad”.
“¿Qué clase de personas estamos mandando a las escuelas? Y pregunto a los padres de familia: ¿sabemos si nuestros propios hijos están participando en estos hostigamientos violentos?, ¿son agresores, son agredidos?”
“Nuestro país tristemente estuvo en todos los periódicos y noticiarios internacionales por la brutal golpiza que el niño Owen de cinco años recibió de parte de su padrastro en el Estado de México. Incluso madres francesas solicitaron la adopción del pequeño al conocerse la historia de maltrato”.
“En redes sociales ha circulado la imagen de un pequeño amordazado y atado de manos con cinta canela. Hasta donde ha trascendido, pareciera víctima de abusos por parte de sus propios padres”.
“No podemos permitir que esto continúe. No podemos tolerarlo. Los expertos advierten que una familia que ejerce abuso o violencia contra un niño está sembrando el germen necesario para volverlo víctima o victimario en la escuela. En otras palabras, lo están entrenando para ejercer maltrato o para ser sumiso y permitir que se lo hagan”.
“Los niños violentos no nacen espontáneamente; tienen papás, viven en algún sitio y ahí, con lo que viven, toman el modelo para ser agresivos o a ser blanco perfecto para los abusadores”.
“Si bien el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto instruyó acelerar el diseño y la puesta en marcha del programa nacional para evitar la violencia y el hostigamiento en espacios escolares, hoy mismo podemos hacer, todos, un esfuerzo para terminar con esta situación”.
“El camino empieza con el examen sincero de la relación que llevamos con nuestra familia para enderezar lo que estamos haciendo mal, con el llamado de atención a parientes, colegas y vecinos cuando detectamos maltrato o indiferencia para sus niños”.
Hasta aquí la reflexión del doctor Guillermo Deloya Cobián









