
HEMOS PERDIDO EL SENTIDO DE LA NAVIDAD



LA MISIÓN DEL CRISTO
No he venido para abolir la ley y los profetas, sino para seguirlos.
Mateo, V, 17.
La luz está en el mundo, y el mundo ha sido hecho por ella; pero el mundo no la ha conocido.
Juan, I, 10.
El advenimiento del Hijo del Hombre será como un relámpago que sale del Oriente y va hacia el Occidente.
Mateo, XXIV, 27.
LA NAVIDAD.
Esta semana se festeja en todo el mundo denominado cristiano una conmemoración más del nacimiento de Jesús la figura de Jesús representa para sus creyentes el inicio del “Reino de Dios” y la instauración de un nuevo orden más humanístico en la tierra. Pero lamentablemente la gran enseñanza de Jesucristo, de “Amaos los unos a los otros” dejo de ser vigente hace mas de dos mil años con el sacrificio del Gólgota. Por otro lado la estructura de la iglesia Católica Romana, sus enseñanzas, sus prácticas y sus resultados están muy lejos del ideal del redentor, de crear el paraíso en la tierra.
Con el devenir del tiempo se ha comercializado el perdón de los pecados, la vida eterna del mundo futuro y la venta de indulgencias, es cotidiana y practica común en todo el mundo “Cristiano”.
Y esta temporada navideña en que debería ser de reflexión, de amor de todos para todos, de religarnos con los Evangelios de Jesucristo de amor de benevolencia, amistad, respeto , misericordia, salud y sanidad física y mental, tolerancia, fe en la vida eterna y esperanza en la salvación de nuestros espíritus y sobre todo una vida feliz y plena en el aquí y en el ahora solamente tenemos ante nosotros un frio escenario comercial mercantilista despersonalizado en el cual la única premisa valida es compra más compra mucho por que solo así celebraras dignamente la navidad.
EL MENSAJE DE LOS MERCADERES.
Es verdaderamente agobiante el bombardeo de mensajes comerciales en todos los medios de comunicación para que gaste usted su dinero comprando cosas la mayoría inútiles para el verdadero propósito, sentido y sin de celebrar la natividad del salvador.
Es enfermizo y enfermante la catarata de mensajes dirigidos a nuestros niños, en la televisión, sobre todo en los canales de caricaturas o de programas infantiles, para que sus padres les demuestren su amor, a sus hijos, comprándoles juguetes caros, feos inútiles y de vida corta, que acabaran en la basura pronto.
Debemos dar bienestar a los nuestros, con buen trato, con cuidados, protección y mucho cariño. Siempre. No satanizamos el dinero, pero si el mercantilismo con el pretexto de la natividad de Jesús.
Seria buena acción que nos llevemos a nuestra mesa de cena navideña a una familia pobre y compartamos con ellos con amor la esplendida cena que prepararemos en esta fecha. Seria maravilloso que le diéramos un regalo de amor a un niño cercano a nuestro corazón, un regalo que no sea un juguete electrónico, que no use baterías o pilas eléctricas y que nos conecte con el corazón, el alma, el espíritu y los Evangelios de Jesucristo.
En esta temporada ha sido tan abyecto el espíritu comercial que nos agobia, que el gobierno federal promovió que el exiguo aguinaldo de los trabajadores mexicanos recibiera una mordida de los comerciantes al haberlo adelantado desde hace un mes. No olvidemos esa ridícula recomendación de la PROFECO que decía regale afecto no lo compre, por que en las condiciones actuales hasta esa máxima simplona tiene un gran valor.
Conclusión. En este mundo contemporáneo, que no nuevo, cada día nos alejamos más de la filosofía cristiana, de los Evangelios del Nazareno, y como dice el gran pensador y amigo nuestro, Salvador Freixedo, en su libro de critica a la estructura Romana “Mi iglesia duerme”, en este momento la jerarquía, los clérigos y el pueblo católico viven lejos de la esperanza que representaba el nacimiento de Jesús en Belén.
Los que se consideran cristianos todavía están a tiempo de religarse con sus orígenes, con la esencia de su religión y sobre todo con la verdadera enseñanza de Jesús que es el amor a la gran obra de Dios, a nosotros mismos y a todos nuestros hermanos, en los 4 puntos cardinales, hoy y siempre.








