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Momento Diario | En el vértice de Puebla

Gasto sin inversión… Un engaño caro

redaccion by redaccion
abril 26, 2026
in Poder Económico | Adalberto Füguemann
Economía mundial 2026: estabilidad en el discurso, fragilidad en la realidad

“El verdadero costo de algo es aquello a lo que renuncias para obtenerlo.”
Milton Friedman

EL GASTO NO ES AHORRO NI INVERSIÓN: Visualicemos, es fácil, a una familia endeudada que debe la tarjeta, de crédito, debe la hipoteca, debe 6 meses del auto, solo paga los mínimos de la tarjeta y le cuesta llegar a fin de mes. De pronto, consigue un crédito importante y tiene dos opciones, pagar parte de la deuda o invertir en algo que le genere ingresos, eso aliviaría su dramática situación.

Pero decide hacer otra cosa, organiza una gran fiesta de quince años para la consentida de la casa, desde luego, tiene que ser mejor que la de la hija del vecino (que, por cierto, trabaja en PEMEX), vestido, salón, música, banquete, todo de primer nivel. La fiesta sale espectacular, los invitados aplauden, las fotos quedan para el recuerdo.

Solo que al día siguiente la deuda sigue ahí, ya creció, los intereses también y el ingreso no cambió, bueno sí, disminuyó por la inflación. Al siguiente mes, ya no alcanza para pagar ni siquiera los intereses, la deuda crece, se pierde la casa, se pierde el coche y, como en el relato de Monterroso, al despertar, la deuda sigue ahí.

En economía pública, la diferencia entre gasto e inversión es exactamente la misma. El gasto se disfruta en el momento, la inversión se recupera en el tiempo, pero si el dinero no regresa, no importa qué tan bien se haya visto el corte del listón o el aplauso maniqueo o interesado mañanero, no es inversión, fue gasto. ¿Recuerdan INSABI, la megafarmacia o Segalmex?

Lo que no nos preguntamos, porque estamos embebidos por un mundial futbolero absurdamente mercantilizado, es si el país está invirtiendo o está haciendo una gran fiesta con la deuda. El problema no es la fiesta de hoy, es la hipoteca del futuro de las siguientes generaciones; por eso se nos dice que el Tren Maya o el AIFA tendrán punto de equilibrio en 2030, ya será otra administración la que justifique o denuncie los excesos y su costo.

En economía, la diferencia entre gasto e inversión es simple y decisiva. Gasto es dinero que se usa y se consume. Inversión es dinero que regresa incrementado en el tiempo, vía ingresos, productividad o ahorro de costos.

Dicho sin tecnicismos, si no hay retorno medible, no es inversión, es gasto. El discurso político en sentido contrario es ignorancia o mala fe, ambos igual de catastróficos. ¿Ya cargó gasolina o fue al súper esta semana? ¿Ya utilizó las carreteras de paga este mes?

LA DEUDA QUE NO IBA A CRECER: En cifras duras, México acumula hoy una deuda pública (SHRFSP) de alrededor de 65% del PIB (y en aumento en los últimos años). En cifras absolutas, el doble de la que se dijo que no iba a aumentar en 2018.

Esa deuda creciente, tiene un costo financiero del orden de 1.5 billones de pesos anuales. Se gasta (no invierte) en programas sociales cientos de miles de millones de pesos al año. Los programas no son malos por sí mismo, el punto es que no generan producción ni se amortizan con recursos fiscales excedente, no los hay.

Adicionalmente, los llamados proyectos emblemáticos no producen y si acumulan deuda y gasto. El tren Maya acumula un gasto estimado en 650 mil millones de pesos y pierde alrededor de 3,500 millones de pesos al año; la refinería Dos Bocas ya gastó 16 mil millones de dólares, aún no produce y enfrenta serios problemas técnicos. Y el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles costó 75 mil millones de pesos que no puede recuperar, sin olvidar la hipoteca de más de 350 mil millones de pesos por cancelación del aeropuerto de Texcoco, otro gasto que se pudo evitar.

Sin discursos sin sustento -casi paranoicos- ni eufemismos forzados -casi cínicos- podemos decir que para que algo sea inversión pública, debería generar flujos (ingresos directos), elevar la productividad (PIB potencial), o ahorrar costos (energía, logística, salud, etc.). Si esos retornos no son visibles, medibles y sostenibles, el efecto es gasto financiado con deuda que genera intereses que, a su vez, generan más deuda que presiona un presupuesto que, por supuesto, ya no alcanza.

Cada peso destinado a gasto sin retorno implica menos recursos para salud, educación, seguridad o pensiones. Las autoridades monetarias saben que el análisis fiscal contemporáneo insiste en esto. Joseph Stiglitz lo resume así: “El gasto público debe evaluarse no solo por su monto, sino por su capacidad de generar bienestar sostenible.”

No tenemos que vernos en el espejo negro de Tezcatlipoca, tenemos uno más nítido a la mano. El caso de Venezuela es el más claro y documentado. Durante el boom petrolero (2004–2013) tuvieron ingresos extraordinarios que mal utilizaron en una expansión masiva del gasto público, otorgaron subsidios generalizados y se empeñaron en megaproyectos sin rentabilidad.

La ignorancia económica se manifestó en su mayor expresión cuando ni Chávez ni Maduro no redujeron la deuda estructural, tampoco diversificaron la economía y mucho menos invirtieron en productividad, lo que ocasionó un colapso del PIB (más del 70%), una hiperinflación que obligó a quitarle 18 ceros a la moneda, y se desmoronó el ingreso real, lo que provocó la pérdida masiva de bienestar y el incremento de la pobreza. La doctrina jamás ha vencido a los fundamentos económicos.

Las políticas populistas generan crecimiento inicial, pero al ignorar restricciones fiscales y productivas terminan en crisis. Los billones en gasto no se recuperan golpeando a las pensiones de manera ilegal y retroactiva.

Si a esto agregamos el factor corrupción, el problema se multiplica. Diversas mediciones (como las de Transparencia Internacional) ubican a México con desafíos persistentes en integridad pública. La corrupción no solo “roba” recursos, también reduce el retorno de cualquier inversión, encarece las obras y distorsiona prioridades. En palabras llanas, la corrupción, ejercida o permitida, convierte inversión en gasto y el gasto en desperdicio.

DE FONDO

El discurso público suele mezclar conceptos, todo se presenta como “inversión” y todo se justifica como “desarrollo” o “democracia”, pero en economía, las palabras y su significado importan, es muy diferente gastar para hoy que invertir para mañana.

Se engaña, y nos engaña, quien se gasta como si fuera inversión, se financia con deuda y asume que el crecimiento llegará por inercia. Robert J. Shiller resume esta problemática cuando señala que las narrativas económicas pueden alejar a los mercados de los fundamentos.

La posición más torpe, quizá perversa, es asumir que estamos invirtiendo, aunque los números digan lo contrario, y señalar que es inversión lo que a todas luces es gasto.

DE FORMA

Según organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, Inversión pública es una erogación que eleva productividad, genera ingresos futuros y mejora la capacidad económica del país. Los programas sociales, necesarios pero mal enfocados, ayudan al consumo (corto plazo) pero no generan retorno fiscal directo. Más temprano que tarde serán cancelados por carecer de una fuente sostenible.

La evidencia internacional es clara. Países como Cuba y Venezuela demostraron que el gasto público sin retorno productivo puede sostenerse mientras hay ingresos extraordinarios o capacidad de endeudamiento, pero termina colapsando cuando esos ingresos desaparecen. No se trata de ideología, sino de cultura, capacidad y aritmética de primaria.

DEFORME

No todo lo que cuesta mucho es inversión, pero toda deuda sin retorno la paga el pueblo. El dinero público no se pierde cuando se gasta, se pierde cuando no regresa y lo pagan las siguientes generaciones.

COLOFÓN: El llamado Huachicol Fiscal sangró las finanzas públicas por un monto superior a los 650 mil millones de pesos, silencio oficial. La reducción indiscriminada e injusta de las pensiones “ahorrará” 5 mil millones de pesos y contraerá la economía de muchos hogares que no recibirán la ayuda humanitaria que Cuba recibe (más de 7 mil millones de pesos), Cifras desproporcionadas… e ignoradas.

Tags: gastoInversión
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