
Las lenguas yagan de Chile, chaná de Argentina, xetá de Brasil y awakateko de México son algunas de las hablas indígenas en riesgo de desaparecer a causa de diversos factores, entre ellos, la marginación y la migración de los pueblos, la falta de transferencia a las nuevas generaciones y la imposición de idiomas dominantes.
Dicho panorama fue expuesto durante el IV Encuentro de Lenguas en Peligro, ahí, lingüistas refirieron que de dichas hablas nativas, las tres primeras son practicadas por un sólo hablante, y la mexicana sólo por tres, lo que refleja el riesgo de su extinción.
Durante el foro, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-), Francisco Barriga, titular de la Coordinación Nacional de Antropología del INAH, se congratuló por “la realización de dicho espacio académico para conocer las aportaciones, investigaciones y conocimientos de especialista de diversos países, encaminados al fortalecimiento, salvaguarda y rescate de las lenguas indígenas del continente americano”.
En su oportunidad, Rosa María Rojas Torres, investigadora de la Dirección de Lingüística del INAH y directora de investigación del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), destacó la riqueza de México en esta materia, conformada por 68 hablas nativas, agrupadas en once familias lingüísticas y 364 variantes a lo largo y ancho del país, según el Catálogo de Lenguas Indígenas Nacionales del INALI, publicado en el Diario Oficial de la Nación en enero de 2008; ello representa el 10 por icento de lenguas nativas a nivel mundial.
Asimismo, la experta en lenguas indígenas mexicanas mencionó que tomando como referencia los datos del censo de2005, anivel nacional existen 6 millones once mil 202 hablantes, de los cuales 49.2 por ciento corresponde a hombres y 50.8 por ciento a mujeres. “Esto refiere que, en comparación con las cifras del censo de 2000, en cinco años hubo una baja de 33 mil 345 personas que hablaban algún idioma nativo”.
“Hablar de lenguas nativas en peligro en México, es referirse a todos los idiomas maternos del país, mismos que sabemos que están sometidos a las lenguas dominantes: español e inglés, esta última a nivel global, de acuerdo con la definición que emitió el Comité Consultivo para la Atención a las Lenguas Indígenas en Riesgo de Desaparición (CCALIRD) del INALI, y que refiere que son ‘aquellas que muestran señales de que su comunidad de hablantes está dejando de usarla y de transmitirla a las nuevas generaciones a favor de una lengua dominante’”, comentó la investigadora del INAH.
Al respecto, los investigadores en lenguas indígenas invitados al foro comulgaron con el concepto anterior, y citaron ejemplos de casos con alto y muy alto riesgo de desaparición en sus países, como: “140 hablas maternas brasileñas con menos de mil hablantes, entre ellas “la xetá que es hablada por dos personas, una de ellas sorda, lo que dificulta la comunicación y desarrollo de la lengua”, explicó Aryon Dall´Igna Rodrigues, director del Laboratorio de Lenguas Indígenas de la Universidad de Brasilia.
En Argentina, está el caso del chaná, el vilela y el tehuelche, que a la fecha únicamente tienen un hablante de edad avanzada y sin descendientes a quienes trasmitirles la lengua y cultura, comentó José Pedro Viegas, investigador del Instituto de Lingüística de la Universidad de Buenos Aires.

En ese sentido, la investigadora del INAH, Rosa María Rojas, dijo que en México peligran el awakateko, con tres hablantes; el kiliwa y tuzanteco (cinco), el ixcateco (seis) y el ayapaneco (ocho).
Por su parte, en Chile están en riesgo el kawesqar, que sólo tiene siete practicantes, el aonikenk con cuatro, y el yagan con uno.
Según datos de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), cada dos semanas desaparece una lengua a nivel mundial, lo que representa la pérdida de 26 al año. De manera que, en el presente siglo dejarán de existir 50% de las hablas indígenas que se practican hoy.
Al respecto, Aryon Dall´Igna Rodrigues señaló que cuando existe un solo hablante de una lengua nativa, la esperanza de revitalización de ésta es nula, “lo que sí es posible es documentar el conocimiento gramatical, fonológico y cultural en torno a ella”.
Durante el encuentro, los especialistas explicaron que entre las acciones para recuperar en la medida de lo posible las hablas extintas, en estos países latinoamericanos se hace un registro de los textos o documentos existentes de cada una de ellas (si es que los hay) o de la simbología utilizada, así como grabaciones y videos que recuperen los sonidos y entonación de las palabras.
Desgraciadamente, en las cuatro naciones latinoamericanas, de las cuales se reunieron representantes en el IV Encuentro de Lenguas en peligro (Chile, Argentina, Brasil y México), las hablas maternas enfrentan diversas problemáticas para su conservación, por ejemplo, en Brasil la Constitución sólo reconoce una lengua como la oficial: el portugués, y en esta se realizan los servicios públicos, burocráticos y la impartición de justicia, lo que contribuye en gran medida al abandono progresivo de las lenguas nativas.
Los pueblos indígenas han sufrido represión, indiferencia y marginación, lo que trae como consecuencia la falta de transferencia de las lenguas maternas por imposición del idioma dominante, así como por vergüenza de los nativos a utilizar su habla original, “en gran medida porque se relaciona a las lenguas indígenas con pobreza, ignorancia y falta de oportunidades de trabajo”, declaró Rosa María Rojas, de la Dirección de Lingüística del INAH, al agregar que a esto se suman los movimientos migratorios hacia las capitales y países del primer mundo.
Por lo anterior, a lo largo del tiempo organizaciones gubernamentales y privadas, así como las propias agrupaciones étnicas “han luchado por el respeto a mantener su lengua nativa y considerarla como derecho humano, en tanto que es una condición que distingue a los individuos”, aseguró la investigadora chilena Elisa Loncon.
En México se promulgó en 2003 la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, que establece el desarrollo y conservación de las lenguas, y el reconocimiento de los derechos individuales y colectivos de los 68 grupos étnicos del país.









