Published On: sáb, Jul 20th, 2013

Esas lindas florecitas [o cómo seguir votando por la homofobia]

COLUMNA-TUSS-FERNANDEZ2

En el día que decidimos hacer cosas cotidianas, lo primero que hicimos fue cambiar el plan.

Apenas iba superando [si es que de alguna manera se puede superar semejante situación] la resaca electoral del domingo, cuando en pleno martes, una chambrita llegó a quitarme el sueño.

Yo no sé de qué color me vestían cuando nací pero casi puedo jurar que entre mi mamá y mi papá, se iban alternando entre el azul y el rosa.

Que por cierto, después de 34 años ya se me va quitando el vicio, digo, la moda.

En fin.

Yo vi esa chambrita cuando apenas era un coquetísimo chalequito verde pastel y entonces, sonreí.

Me pareció un pedazo de nubecita. Sonreí y también suspiré.

Creo que lo más emotivo [además de la ocasión] del chalequito, era, el color verde pastel.

Me pareció tan lindo que mi mamá hubiera elegido ese tono tan neutral y se alejara de los estereotipos clásicos de niño y niña… o al menos, eso parecía, hasta ayer.

La obra de arte de mi mamá tuvo un nada feliz final para mi, cuando noté que lo que había comenzado un tierno proyecto de neutralidad por no saber el género del bebé que venía en camino, terminó [como era de esperarse] en la visión cuadrada de la sexualidad humana.

Tres bellísimos pero también feminísimos botones de florecita, insertados para recetarme un nocaut fulminante por cliché.

–Y por qué de florecitas?

–Porque va a ser niña.

–Y cómo sabes? Si todavía ni le han dicho.

–Porque tu tía, tu prima y yo queremos que sea niña y porque la tía que siempre les hace el juego de la cadenita le dijo que van a tener tres niñas.

–Y aún si fuera niña, es necesario ponerle florecitas? No podías poner borreguitos, nubecitas, heladitos o algo menos ‘femenino’?

–No porque a las niñas se les ven bonitas las florecitas.

Antes de sufrir un coma por sobredosis de heteronorma, alcancé a discutirle a mi madre. Pero no, de nada sirvió.

Todo parece indicar que el único bichito raro que conoce y ama [porque me parió] soy yo, pero en el resto del mundo, todos son ‘normales’. Entiéndase por normales que hablo de heterosexuales.

De golpe y porrazo me regresó no a la resaca, sino a la cruda electoral.

Al mismo día en que una mayoría abrumadora [incluidos nosotrxs], votó por mantener a la población LGBTI marginada de derechos por otros casi cinco años.

La coalición que ganó esta vez la alcaldía de la ciudad y la mayoría de las diputaciones del estado, se ha caracterizado por vetar los temas incómodos de sus agendas de gobierno.

No más por citar [e insistir] en el presente Ayuntamiento tuvimos el caso de dos regidoras abiertamente homofóbicas mientras que en el Congreso un diputado sobresalió por agredir a un asistente administrativo exhibiendo públicamente su orientación sexual en plena sala de sesiones.

De eso y de políticas púbicas, perdón, públicas [así escribí inconscientemente] para familias tradicionales hombre-mujer-hijitos nos esperan otros cuatro años ocho meses más.

Así que mientras encuentro la manera de enfrentarme a esta terrible realidad, me he propuesto tres misiones:

Buscar papel arcoíris para imprimir y enmarcarle esta columna a mi madre.
Preparar mi cuchara y mi cacerola para protestar y exigir mis derechos [como civil] cada que sea necesario frente a mis nuevas autoridades
Encontrar tres botones arcoíris, meterlos en una cajita y hacérselos llegar a mi prima.
… no más por si acaso.

Pd. Omito citar los partidos políticos porque honestamente, ya no se distingue uno de otro.