La Academia de Bellas Artes de Puebla surgió para enseñar las primeras letras, así como dibujo, ya que esta herramienta fue la base de diferentes empleos, por lo que a través de su enseñanza se reforzaron los gremios, los cuales estaban en decadencia, indicó la doctora Montserrat Gali Boadella, académica del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades «Alfonso Vélez Pliego» de la BUAP.
Al impartir la conferencia «Organización y sistemas educativos en la Academia de Bellas Artes de Puebla» en la Biblioteca Histórica José María Lafragua, la investigadora expuso que en el siglo XIX todos los oficios requerían aprender dibujo: pintores, sastres, barberos, carpinteros, plateros, bizcocheros, músicos, estudiantes, escultores e incluso aquellos que atendían tiendas debían tener buena caligrafía para el diseño de carteles.
La Academia de Bellas Artes de Puebla fue creada a iniciativa del obispo Antonio Jiménez de las Cuevas, quien tenía la idea de que la educación debería ser laica, además sabía la importancia de aprender un oficio, ya que antes de entrar al seminario fue aprendiz de dorador (encargado de iluminar los retablos con oro).
Las clases de la Academia estaban a la vanguardia. Aunque no hay registro de un programa propiamente formal, «hubo clases primero sobre los principios básicos de narices, ojos, bocas y orejas. Después los alumnos pasaban a dibujar medias caras, así como pies y manos. Una vez aprendidas estas etapas, seguía la copia de pinturas y la composición inspirada de varias figuras», abundó la Investigadora.
Para este fin, la escuela tenía una colección de láminas de gran valor artístico, las cuales eran copiadas por los alumnos más avanzados, es decir, no eran reproducidas totalmente, sino servían de inspiración para otros grabados. Así los maestros poblanos imitaban a pintores franceses con temas escabrosos y modernos.
La Doctora Gali Boadella expuso que la temática que imperó en la Academia fue la cultura costumbrista, donde se resaltó el realismo. En cuadros sobre escenas religiosas aparecieron animales de manera casual, porque era un elemento de modernidad en la pintura costumbrista. La incorporación de este elemento fue criticado en Francia, pero en Puebla no causó alboroto, a pesar de ser una sociedad conservadora.
En cuanto a la enseñanza de las primeras letras, este cometido se centró en la lectura y aprendizaje de fábulas tradicionales, podría pensarse que la enseñanza era pobre porque se limitaba sólo a conocer las fábulas, pero este tipo de metodología era similar a la educación en Grecia, porque las lecturas servían para ampliar otros conocimientos relacionados, indicó la Académica del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades.
Por ejemplo la fábula de la cigarra y la hormiga daba pie conocer aspectos de biología, botánica y geografía, porque el maestro hacía énfasis en cierto punto de la lectura, el cual era ampliado por las lecciones de los profesores. Este tipo de enseñanza era llamado «lectura de cosas», puntualizó.









