Published On: mié, Dic 12th, 2018

El nuevo gobierno de Puebla

En el pasado hubo dos ocasiones cuando la toma de protesta de los gobernadores constituyó un escenario riesgoso, casi inseguro y con problemática en la parte del protocolo.

La primera fue cuando Mariano Piña Olaya asumió el poder en el Auditorio de La Reforma. La oposición panista encabezada por Óscar Vera Arenas, entonces diputado del PAN, se levantó contra el gobernador y armó un escándalo ante la complacencia del pastor Francisco Fraile, y estuvo a punto de provocar un enfrentamiento a golpes.

La segunda fue el cerco de plantones sembrado para la llegada de Manuel Bartlett a la sede del Congreso de Estado.

Los poblanos no hemos visto hasta la fecha un acto donde el gobernador, gobernadora a partir del 14 de enero, asuma el cargo en un espacio ajeno al Poder Legislativo. Lo hará, según se prevé, en la sede o la elección de sede del Poder Judicial, conforme a los cambios en la ley.

De entrada, el protocolo se modifica. Y eso en sí mismo constituye un nuevo escenario donde la costumbre se hace a un lado y se da entrada a un estilo diferente donde la fuerza de los poderes se pone a prueba.

Los diputados verán frustradas sus intenciones de recibir y apalear a la gobernadora, un asunto por demás fuera de lugar, si la civilidad existiera, debía darse el cambio de poderes de manera institucional y conforme a la tradición, sin menoscabo de las posturas ideológicas y partidistas en pugna.

Así, de una forma nunca antes vista el nuevo gobierno llegará al poder, protocolizará su ejercicio en un escenario inusual y se dará entrada, por ese simple hecho, a las críticas de los enemigos.

De esta forma los poblanos entramos a la nueva forma de gobierno, un Poder Ejecutivo acotado por el Legislativo, pero avalado por el Judicial, donde la lucha será por encima de la vida institucional de los ciudadanos.

No es un buen escenario, más bien, constituye un asunto que despierta preocupaciones en el corto plazo.

Urge la práctica de la política, del uso de las formas, de la civilidad, de poner por encima del interés del grupo político a los ciudadanos.

O por lo menos, así me lo parece.

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