Dentro de la colección El Guardagujas, Conaculta integra un nuevo título La Señora Krupps, libro de cuentos del escritor mexicano Javier Fernández que llegó al público primero en formato de libro digital y después editado por Static Libros (2010).
Estructurado en seis relatos, La Señora Krupps pone en juego los nuevos resortes, intencionalidades y lenguajes hacia los que apunta la narrativa del siglo XXI. Lo guía un discurso que desdeña lo simple y le exige al lector encontrarse verdaderamente con las palabras, con lo que éstas son; traspasar el anécdota para disfrutar el lenguaje.
Las historias son nuestras, los dramas nos pertenecen aunque lleguen desde territorios tan lejanos como Ginebra, donde Tuviolé, joven mujer evoca su niñez en Awawdee, poblado de Uganda bajo el régimen de Idi Amin. El relato La niña Tuviolé se construye en saltos temporales (característica de casi todos los cuentos que forman este libro). A ritmo de melancolía Tuviolé rememora el fresco río de su infancia, el ataque de la marabunta del cual fue testigo y víctima, la guerrilla entre tribus, y rescata la amada e inquietante memoria de Bitelo.
En Bíceps encontramos un casi hilarante retrato de nuestra vida tan apegada a la televisión. Cuando Fabián le dice por teléfono a su ex mujer, Mariana, periodista de televisión en Tijuana, que está viéndola en el noticiero que pasa en diferido, y le señala que en la televisión, al menos en la suya, el lunar se le nota más claramente, ella lo desafía: «-¿Ah, sí? Pues tráela». Comienza así el protagonista una odisea a pie que lo llevará de Landers hasta Tijuana. A lo largo de extensas carreteras Fabián va cargando el televisor, siempre encendido, reconstruyendo historias de poder en Tijuana, recontándose los hechos que llevaron a la ruptura con Mariana.
Cletus, en Niño cardia está inocentemente arrobado por Daisy Duke, personaje femenino de la serie ochentera Los Dukes de Hazzard, hasta que ésta «revienta su niñez. Aparece entonces Mauricio, una voz, un alter ego, un mensajero de incontables apellidos que por un tiempo confunde con la voz de la divinidad y que le acompañará hasta pasados los treinta. Mauricio le deja oraciones de un mensaje que se vuelve infinito conforme transcurren los años, Cletus pasa de sentirse elegido a aburrirse con esa comunicación que no llega a ningún sentido último o que él no ha sabido interpretar.
El comandante Tiburcio Aguilar se desangra y agoniza sobre el suelo de Mexicali, cerca de él yace muerto Sabás. Mientras una enfermera atiende al herido, el compañero de Tiburcio, quizá comandante también, le relata a la mujer la historia que los ha llevado a ese momento. Sabás, dueño del circo Papá Sangre, «comerciante de todo y nada, empresario o carterista, productor asociado de cineastas y vigilante de tatuados en varias correccionales de California, Nevada y cuatro estados mexicanos», cautivó el olfato de este par de compañeros desde años atrás sin que pudieran detenerlo o enjuiciarlo debido a los procedimientos del propio cuerpo policíaco. Sabás y el circo transita por los rincones del delito abierto y velado por los vericuetos en los que se entrampa o se afana la justicia.
La Señora Krupps es el cuento que da título al libro. Cuando Diego y María Lucía Nyala llegaron recién casados a vivir en el caserón de la familia en la colonia La Orquídea, el apellido ya pesaba sobre ellos. Los vecinos supieron de los intentos fallidos de la mujer por dar a luz en dos distintas ocasiones. El tercer embarazo fue diferente no sólo porque esta vez se completó sino por el nacimiento de dos gemelas: Clara la buena y Clara la mala. Desde ese momento la atmósfera familiar se vuelve un secreto. El apellido pesa y duele, hay que hacer sacrificios ante la apariencia. Clara la buena deleita a quien la ve, Clara la mala «despedía un olor sabroso pero inhumano, quien la conoció sufría de ganas de vagar por la ciudad, precipitadas visiones, carnavales»… La antidinámica del secreto la romperá Feleoni, periodista italiano, quien traicionando una conversación echará luz sobre la verdad que ocultan los Nyala.
Javier Fernández Aceves, autor de este volumen de cuentos, obtuvo en 1992 el Premio Estatal de Literatura en Baja California por las narraciones que conforman el libro Si tarda mucho mi ausencia (ICBC, 1993). Comunicólogo y narrador se ha desempeñado en diversos ámbitos como la docencia, la producción de televisión y radio y ha sido una presencia intermitente en medios electrónicos e impresos.
La Señora Krupps es ante todo una experiencia narrativa marcada por simbolismos, metáforas y alusiones que retan al lector. El volumen es editado por la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en su Colección El Guardagujas.









