Published On: Jue, Dic 18th, 2014

El legado de Luis Nishizawa es universal, mexicano y tan diverso como lo cultural en nuestro país: Rafael Tovar y de Teresa

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Hoy recordamos el legado de Luis Nishizawa, un creador que recorrió el siglo XX, quien produjo una obra rica y extensa y que hizo de la libertad y la búsqueda el camino para acercarse a técnicas, géneros y caminos diversos.

Así lo expresó Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, al participar la noche del martes 16 de diciembre en el homenaje que la comunidad cultural rindió en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes al pintor mexicano fallecido el pasado 29 de septiembre a los 96 años de edad.

El presidente del Conaculta afirmó que Luis Nishizawa fue un generoso maestro que prodigó sus conocimientos a nuevos creadores a lo largo de casi medio siglo en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y en el Museo-Taller que llevaba su nombre en la Ciudad de México.

Al recordar la partida de grandes creadores durante 2014, como Gabriel García Márquez, José Emilio Pacheco, Vicente Leñero, Juan Gelman, Luis Herrera de la Fuente y Silvio Zavala, así como referirse a los centenarios de José Revueltas, Octavio Paz y Efraín Huerta, el titular del Conaculta hizo también un recuento de la tarea cultural durante este año en el que se han atendido con más de medio millón de actividades a más de 80 millones de personas en el país, más de 23 millones visitaron los museos de México, sus zonas arqueológicas y diversas exposiciones en las que se exhibieron destacadas muestras del arte mexicano e internacional.

“En esta labor en favor de la cultura, durante 2014, el legado de Luis Nishizawa sin duda nos ha inspirado, porque nos define con su gran riqueza”.

Rafael Tovar y de Teresa dijo que el lenguaje plástico de Luis Nishizawa es universal y mexicano, algo tan vasto como su obra y tan diverso como lo cultural en nuestra nación, al desarrollar una obra de gran contenido social en la que se internó, tanto en el expresionismo como en el impresionismo, para caminar de ida y vuelta del realismo a la abstracción.

En este sentido, recordó que al igual que con otros artistas, como el Doctor Atl, José María Velasco y Saturnino Herrán, el paisaje de México se vio enriquecido bajo la mirada sensible de este creador.

“Recreó valles y montañas con su sello personal, aquel que resultó de una infancia en contacto permanente con la naturaleza y de la incorporación plena de sus dos raíces: la japonesa y la mexicana, porque toda su vida estas dos corrientes fueron definitorias para su inspiración artística y su pensamiento”.

Rafael Tovar y de Teresa señaló que Luis Nishizawa fue un artista de múltiples encuentros, en cada una de sus etapas dejó la huella de su espíritu creativo.

“Perteneció a una generación que se abrió paso en la pintura a mediados del siglo XX. Cuatro personalidades marcaron su estilo: Julio Castellanos, José Chávez Morado, Alfredo Zalce y Antonio Rodríguez Luna”.

Y añadió el titular del Conaculta: “Las salas de exhibición, las aulas, los talleres, la mesa de la charla, quedan con su impronta, porque Nishizawa estuvo ahí en esos sitios con su mano maestra, su palabra cálida y su mirada excepcional”.

En su oportunidad, Magdalena Zavala, coordinadora de Artes Visuales del Instituto Nacional de Bellas Artes, moderó la mesa donde estuvieron Alicia Sánchez Mejorada, integrante del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap); Elisa Barragán, especialista del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, así como el artista Jesús Martínez Álvarez.

Alicia Sánchez Mejorada refirió que Luis Nishizawa reivindicó para el arte nacional técnicas tan antiguas como el trabajo en cerámica a altas temperaturas, pero además fue desde sus primeros años un virtuoso por la fineza de su caballete, ganándose el respeto de sus maestros.

“Tenía la convicción que el arte público de calidad no tenía que ser forzosamente de grandes dimensiones y por ello el paisajismo tuvo para él un atractivo poderoso que conservó a lo largo de los años, mostrando al público una impresionante perspectiva de la composición y el color, haciendo siempre suya la sensación de espacio y de vacío”.

La investigadora aseguró que en el arte de Nishizawa pueden descubrirse varias vertientes, entre las que se encuentran el nacionalismo, el expresionismo y la abstracción del arte japonés.

Alicia Sánchez Mejorada aseguró que los paradigmas estéticos de Nishizawa se cimientan siempre en su preocupación por el hombre, mostrándolo a menudo de manera muy dramática y con una fuerza expresiva donde lo desgarrador está siempre presente.

“Decía que antes de artista era artesano y por ello para muchos fue siempre un maestro del color cuyos trabajos nos hablarán siempre de su grandeza”.

El pintor Jesús Martínez Álvarez afirmó que Luis Nishizawa dejaba entender con sus obras toda la riqueza que se encontraba en los resquicios más profundos de su alma, al dejar con ello una gran huella en quienes tuvieron la fortuna de ser sus alumnos.

“Siempre supe que ante todo era un hombre de paz, un hombre que convirtió sus manos en elementos mágicos que podían atrapar como nadie esos trozos de tiempo que al ser plasmados en el lienzo se convertían en un verdadero canto a la vida”.

Jesús Martínez Álvarez recordó lo impresionante que era para los jóvenes estudiantes de arte de su generación tener la oportunidad de ver trabajar a Luis Nishizawa en su taller.

“En una sola tarde podía crear decenas de metáforas pictóricas. Sólo ahí, viéndolo trabajar, fue que muchos de nosotros buscamos nuestras propias veredas. Aún lo recuerdo cuando lo acompañaba a pintar paisajes y me decía: Moje su papel, Chucho, ahí donde va a pasar el pincel con la tinta. Al verlo trabajar me convencí que para Luis Nishizawa la luz siempre salía por el Oriente, y también que el Sol salía siempre para él dos veces”.

María Luisa García Barragán afirmó que la obra de Nishizawa es como un desdoblado espejo donde todos podemos percibir las imágenes que capturó en su niñez, donde los juegos de luz se formaban en las copas de los árboles.

“Él me hacía ver que el verdadero paisaje éramos nosotros y por eso cada vez que Luis Nishizawa pintaba un paisaje en un espacio abierto se lo apropiaba para siempre”.

Finalmente, Luis Nishizawa, hijo del artista, quien expresó un emotivo discurso, compartió con los asistentes que la vida al lado de su padre fue una constante aventura, al acompañarlo con toda la familia a esos fines de semana dedicados al arte y a capturar paisajes.

“Colaboré mucho con mi padre, en especial en la preparación de sus lienzos; él me decía que eso era lo más importante del proceso de su obra, porque quería que perdurara en el tiempo, así comprendí cómo todo lo que se plasma en el lienzo de la vida debe también tener una base sólida”.