
El Gobierno del Estado en coordinación con historiadores y arqueólogos del INAH, trabajan en el rescate de todos los elementos con el objetivo de integrados a la megaobra que se está construyendo.
Se presume que la barda era parte del sistema de protección del río San Francisco y, aunque se desconoce su longitud, la altura es de por lo menos 8 metros. Los peritos del INAH ya realizan el inventario de todos sus elementos, y se trabaja muy de cerca con la constructora a fin de reconstruirla y mostrarla como estaba originalmente en la medida de lo posible.
En cuando a la bóveda, se rescatará por completo y se buscará la forma de acondicionar el lugar para que pueda ser apreciada. La bóveda del siglo XIX o XX fue descubierta hace dos semanas, se presume que fue una entrada de las aguas que venían de los cerros de Loreto y Guadalupe y eran canalizadas al río San Francisco para evitar inundaciones en la zona. Tiene una altura de por lo menos 7 metros, por 3 metros de ancho.
El sistema de distribución del agua presumiblemente fue ocupado para desviar el afluente del río para llevar agua a los molinos que había en ese lugar a principios del siglo XX. Es una obra única en su tipo por la complejidad del sistema y su eficacia, pues incluso hay vestigios de que existían algunas compuertas en el lugar.
Otro logro que ha dejado la construcción del Paso Subterráneo, es la recuperación y restauración del Arco de San Miguel; un monumento que no había sido intervenido, en al menos 30 años. En el área están trabajando artesanos de Huaquechula para recuperar todos los grabados que se tenían.
Cabe resaltar que en 1962 se realizaron diversas obras en la zona para realizar el entubamiento del río San Francisco a fin de evitar las inundaciones y crear los pasos vehiculares, sin embargo no hubo cuidado ni supervisión para evitar el deterioro de los vestigios históricos en el lugar. Al hacer el entubamiento del río se rompió una parte de barda del siglo XIX o principios del XX; lo rescatable es que, aunque se entubó, todas las piedras fueron dejadas en el lugar porque fueron utilizadas para rellenar.
Lo importante para los poblanos, independientemente de la modernidad que tendrá el distribuidor, es que se dimensionará, conocerá y apreciará parte de la historia de la ciudad en esta zona, con los elementos que existieron en otras épocas, esa historia que estuvo enterrada por muchos años.








