Lealtad, es la observancia de la fe que alguien debe a otra persona.
Sin duda una de las experiencias más ingratas que recurrentemente viven los candidatos presidenciables, es el engaño de parte de sus cercanos, quienes en forma involuntaria lo encapsulan, hasta alejarlos de la realidad: despegan del piso, no escuchan a quienes les contradicen y envueltos en un círculo pernicioso, las mentiras se convierten en realidad; pagan para que los publiciten y, cuando leen las noticias (y, ahora, las encuestas), se vanaglorian y retroalimentan su imaginación. Un ejemplo vivo reciente es el del velocista Roberto Madrazo quien, en la cruda realidad, escribió un libro sobre las traiciones que –dice- sufrió; sin embargo no admite sus culpas o responsabilidades en el evento.
La elección que vivimos no es la excepción y tenemos a la vista un caso similar en la persona de Josefina Vázquez Mota: sus cercanos saben que no tiene ninguna posibilidad de triunfo –ante signos inequívocos de una inevitable alternancia que revitalizará la incipiente democracia que vive México-, pero alimentan su esperanza con elogios, planes y hasta encuestas a la medida que la colocan en un contexto ajeno a la realidad; ¡vamos a ganar Josefina!, le repiten una y otra vez (no se miden: el fin pasado la llevaron al súper a comprar el pan; se veía toda descontrolada fingiendo, para que al final del día mejor se fuera a comer al restaurante francés más exclusivo de Polanco, qué eso sí es lo suyo).
Prueba irrefutable de la derrota antes expresada es que su propio coordinador de campaña (Roberto Gil Zuarth), aseguró su espacio en las listas de candidatos plurinominales al Senado, desdeñando la cartera de Gobernación en el gabinete imaginario de Josefina; más vale pájaro en mano que ciento volando (pensó Gil con justa razón, perfilándose para buscar la gubernatura de Chiapas en seis años); lo mismo ocurrió con Ernesto Cordero, quien también declinó ser el próximo Secretario de Hacienda en dicho gabinete y optó mejor por encabezar la lista de plurinominales al Senado y configurarse como líder de la oposición y de su propio partido (¡faltaba más!).
Dicen los especialistas que los nombres con los que se integran los lugares más viables de las listas de candidatos a Senadores plurinominales son reveladores de los verdaderos intereses y fuerzas al interior de las cúpulas partidistas. La férrea disputa por los primeros lugares de las listas indica la falta de certezas en sus triunfos o, de plano, la confesión tacita de su derrota, como en el caso de Josefina.
Para los que saben de esto subrayan que en el PAN se aplicó lo que queda del poder presidencial, asegurándose para el entorno de Calderón, prácticamente todos los lugares viables( Mariana Gómez del Campo, Luisa María Calderón, Alonso Lujambio, Luis Felipe Bravo Mena, Fernando Larrazabal, Raúl García…). Además de que se puede leer como la confesión de una derrota anticipada también es un seguro de vida política y judicial para el habitante principal de los pinos, que terminará cuestionado y en medio de un desastre (desempleo, corrupción galopante, inseguridad, crisis económica, miles de muertes…). Para los que leen entre líneas el mensaje es muy simple: de lo perdido lo que aparezca, vamos a la derrota y dejaremos la presidencia, por lo tanto tomamos Senadurías y Diputaciones, para lo que se ofrezca. El Presidente Calderón ya cumplió, y con creces, con la desafortunada presentación que hizo con los consejeros de Banamex, tratando de vender una distancia de cuatro puntos entre su candidata y el sabido candidato triunfante.
Ayer en Veracruz Carlos fuentes afirmó que si las mujeres gobiernan la casa, por qué no el país; sin embargo cuando le preguntaron si es el tiempo de las mujeres (con Josefina), con risa zorruna respondió: eso sí no sé; vamos a ver.
Esa es la cruel realidad de la señora Josefina Vázquez Mota, más allá de la prepotencia y abuso de poder que le caracterizan (en la Cámara de Diputados arrasó con todo, al grado que le pidieron días después de su salida hacia la interna del PAN, que regresara por lo menos los vehículos; qué vergüenza) y las payasadas de las encuestas amañadas (Mercaei, GEA-ISA, Milenio…).
Vaya caso, dicen en mi tierra.
Alejandro Córdova Gutiérrez.
Analista.









