Los versos chicanos han alzado la voz y llegado a México, a través del libro Cantar de espejos. Poesía testimonial chicana de mujeres, una antología de Claire Joysmith, que reúne a 23 poetas chicanas.
El volumen, que fue presentado en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, muestra el dolor y la rabia, pero también la resistencia y el sentido del humor, de las mujeres de origen mexicano que viven del «otro lado».
Para su compiladora, Claire Joysmith, este libro culmina 15 años de esfuerzo y busca dar acceso a la literatura chicana que en un 80 o 90 por ciento está en inglés y que por muchos años ha sido rechazada en México.
Esta situación, dijo, se debe en gran medida a que se trata de un tipo de escritura que tiene una oralidad muy marcada, con el uso de expresiones como «pa’tras» o «chorriando», las cuales son parte de su estilo, cuando no está en inglés e incluso en «spanglish».
Por ello, la compiladora que es investigadora del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la Universidad Nacional Autónoma de México, indicó que se trata de un libro fuera de lo común, hecho para público mexicano y que representa un rescate de poemas publicados en diversas revistas, que pueden ser difíciles de rastrear.
La escritora Elena Poniatowska celebró la aparición de este libro, ya que las chicanas en su literatura rinden tributo al país de sus ancestros que es México y sobre todo a sus raíces.
Además, dijo, «crearon con su grito una nueva voz que nos estremece, un lenguaje único que zumba en nuestros oídos y lleva dentro la fuerza de un México que casi ya no existe, pero que conservan como una herida que no quiere cerrar o como un rencor que alimentan con sus palabras».
El poema titulado El Sueño de Ana Castillo, dice: «lucía mi huipil colorado / por las calles / de una ciudad / tan orgullosa / tan fuerte / que no sentí / el primer golpe / del rechazo».
Elena Poniatowska agregó que «las escritoras chicanas cruzan la frontera y la transforman en un paisaje de ida y vuelta, en la que avanzan muchos pueblos con fisonomías distintas, múltiples tradiciones y entrañables culturas».
Al mismo tiempo, ellas «demuestran que la frontera es un río inagotable de cantos creativos, de voces que todo lo resisten y de esencias mexicanas indelebles (…) Son una forma de ir de un lado a otro, de la orilla mexicana del Río Grande, a la orilla norteamericana del Río Bravo, para contar la historia de estas dos orillas en las que han muerto tantos mexicanos pobres».
Las chicanas, comentó, son de México y de «allá», de San Francisco, Chicago, Florida, pues su corazón late de los dos lados, hablan inglés y español y a través de la literatura han encontrado un nuevo modo de ser libres.
A diferencia de las escritoras mexicanas, Poniatowska indicó que las chicanas se celebran, pues tienen confianza en sí mismas y la bravura para gritar a los cuatro vientos y decir las cosas como son. «Sus letras son la libertad andando», pues supieron imponerse al racismo y a la discriminación.
Además, imponen su lenguaje, no les da miedo hablar de su sangre mexicana y no olvidan su pasado.
Y es que por ejemplo, en Extranjera legal, Pat Mora apunta que «considerada por los anglos como quizás exótica / quizás inferior, definitivamente diferente / considerada extranjera por los mexicanos / (sus ojos dicen: ‘podrás hablar / español pero tú no eres como yo’) / norteamericana para los mexicanos / mexicana para los gringos».
Cantar de espejos cuenta con poemas como La frontera de Alicia Gaspar, El lamento del migrante de María Herrera-Sobek, Con el viento soplando donde podría haber alas de Gina Valdés, Protocolo de verduras de Lucha Corpi y De dónde soy de Liliana Valenzuela.
A lo largo de 222 páginas, el lector podrá conocer las ideas y sentimientos de las mujeres chicanas en este libro que es editado por la UNAM, el Centro de Investigaciones sobre América del Norte y la Universidad del Claustro de Sor Juana.










