Entre aplausos y el repicar de las campanas del Templo de la Santísima Trinidad, en Cholula, Puebla, un óleo de San Felipe Neri, de más de 200 años de antigüedad, regresó a su hogar de donde fue sustraída hace cuatro años, tras un robo que causó indignación entre la feligresía.
Luego de su recuperación, por agentes de la Procuraduría General de la República (PGR) en marzo de 2011, y su posterior restauración en la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), el cuadro fue devuelto hace unos días a la comunidad del Barrio de Santa María Xixitla.
Con la presencia de Alicia Rosas Rubí, titular de la Unidad de Investigación de Delitos contra el Ambiente y previstos en Leyes Especiales, de la PGR; Liliana Olvera Flores, directora de Educación Social para la Conservación de la CNCPC; y Herminio Toxqui, mayordomo de la Iglesia, la obra religiosa —datada hacia finales del siglo XVII y principios del XVIII—, fue develada entre aplausos y rezos de la gente que había acudió a la celebración con la que fue recibida la obra pictórica.
Después de mostrar la imagen de San Felipe Neri y de tomar las medidas necesarias para realizar el montaje adecuado, expertos del INAH la colocaron en el sitio que celosamente le esperaba desde 2008, año en que fue sustraída.
«Es un gusto para nosotros hacerles entrega de esta magnífica obra de arte sacro que les pertenece», señaló la representante de la PGR, Alicia Rosas Rubí. Por su parte, la especialista del INAH, Liliana Olvera, destacó que «el robo de la imagen suscitó la restauración, con lo que se logró enmendar daños en la capa pictórica y recuperar su valor estético».
La pintura —de 1.7 metros de largo y 1.2 de ancho— muestra a San Felipe Neri de pie portando una túnica negra; su mano derecha sostiene una flor blanca y su mirada está dirigida hacia la esquina superior derecha, donde se aprecian los rostros de tres ángeles y una paloma blanca con las alas extendidas. Frente al santo se observa una mesa cubierta con lienzos rojos, sobre la que descasan dos libros y una calavera.
Mateo Jaime Palacios Cinto, ex mayordomo del Templo de la Santísima Trinidad, recordó que fue el 9 de junio de 2008 cuando se percató del robo de la imagen; «llegué poco después de las 8:30 para repicar las campanas y llamar a misa de 9:00, y al momento de entrar a la iglesia vi que el cuadro de San Felipe Neri ya no estaba en su lugar».
Abundó que posteriormente se dirigió a la sacristía, donde vio el marco de madera de la pintura con restos del lienzo; de inmediato dio aviso a las autoridades municipales y poco tiempo después, el caso pasó a manos de la Unidad de Investigación de Delitos Contra el Ambiente y previstos en Leyes Especiales, de la PGR.
«Luego de diversos cateos realizados por la PGR, en los estados de Tlaxcala, Jalisco y Puebla, así como en el Distrito Federal, de 2010 a la fecha se han recuperado alrededor de 25 obras de arte sacro, 16 pertenecientes a Puebla, entre ellas el cuadro de San Felipe Neri, localizado el 7 de marzo de 2011», informó Luis Alfredo Rodríguez Lozano, agente de la PGR.
Detalló que la mayoría de las piezas religiosas robadas son arregladas estéticamente, para posteriormente ser vendidas a particulares, «por fortuna, se pudo recuperar esta obra artística de autor anónimo, que representa mucho para la gente del municipio de Cholula».
La obra pictórica fue resguardada por la PGR, en una bodega para bienes muebles recuperados. Una vez terminadas las averiguaciones, la pieza fue liberada por la PGR, en enero de 2012, para que especialistas del Instituto dieran paso a la restauración, a cargo de las especialistas de la CNCPC, Cristina Noguera y Lucía de la Parra.
«Los principales deterioros que presentaba la imagen de San Felipe Neri fueron intervenciones no afortunadas que le hicieron personas sin conocimientos en la materia, como repintes burdos; además de estar recortada de los extremos, pues al momento del robo, los ladrones debieron cortar la pintura para desprenderla rápidamente del bastidor de madera», señaló Liliana Olvera.
La restauradora dijo que gracias a que se conservó el bastidor original (que fue sustituido por uno nuevo debido al desgaste que tenía) se recuperaron los restos de lienzo que quedaron en él, y fue posible volver a dar unidad al óleo.
«Una vez integrada la pintura —abundó la restauradora— se le colocó un soporte de tela por la parte posterior, se le dio una limpieza profunda, se le resanó en las partes donde fue necesario y, finalmente, se le reintegró la policromía con la técnica de rigattino, que consiste en la aplicación de delgadas líneas verticales de color».
Finalmente, la experta del INAH indicó a las personas de la comunidad las medidas de conservación para la mejor preservación de la pintura, entre ellas, limpiarla con un plumero suave y seco, que no existan filtraciones de agua o humedad en la iglesia, y no colocar veladoras a corta distancia, ya que su humo tiende a ennegrecer y ensuciar las obras pictóricas.









