La consagración de la primavera, creación del compositor Igor Stravinski y coreografía de VaslavNijisky, considerada una obra maestra del siglo XX gracias a su revolucionaria propuesta escénica, es retomada en una versión de la compañía Delfos que se estrenará este 15 y 16 de junio en el Palacio de Bellas Artes.
La compañía presentará esta pieza junto con Bolero de Ravel, acompañada de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM), con la batuta de José Areán.
«La consagración de la primavera está llena de símbolos, es como un gran ritual pagano post-posmoderno, enloquecido; creemos que habla con mucha vigencia de lo que estamos viviendo en el mundo pero no es de una manera literal, es una obra multireferencial con muchas capas de información», aseguró en conferencia de prensa, Claudia Lavista fundadora y directora de la compañía junto con Víctor Manuel Ruiz.
Calificada como «un ataque a la belleza inmutable del arte», en su estreno en 1913, la famosa obra en la que se observan rituales eslavos para celebrar la llegada de la primavera cuenta con versiones de importantes creadores de la talla de Maurice Béjart, la canadiense Marie Chouinard, el austriaco Klaus Obermaier, la alemana Pina Bausch, el finlandés Tero Saarinen y el francés Angelin Preljocaj.
«Tenemos grandes referencias de La consagración —dijo la directora y bailarina—, siempre es delicado porque uno como intérprete y coreógrafo no quiere hacer un copy paste de nada, a pesar de que son obras que conocemos muy bien cuando haces una coreografía la haces desde tu perspectiva del mundo, tu visión del cuerpo, del movimiento, de la acción».
Agregó que uno de los retos fue el no asumir la música desde el ritmo, el fraseo o la melodía sino tomar en cuenta el tiempo para habitarlo de maneras distintas y a partir de las atmósferas planteadas por el compositor Stravinski.
«No estamos tratando de hacer un trabajo lineal que sí sucede en el caso del Bolero porque la coreografía entra en la tónica de la música y hay una progresión, aquí en La consagración es una atmósfera alucinógena».
Se trata de una creación colectiva en la que los siete bailarines que aparecen en escena aportaron sus ideas, mientras que Mauricio Ascencio colaboró con la concepción visual, el diseño de vestuario y la escenografía.
«El vestuario es una exageración de nuestra personalidad en la obra, es como si nos sacaran las entrañas y las hubieran puesto fuera, puedes ver todo de manera exagerada, exacerbada y al mismo tiempo muy provocativo», destacó Claudia Lavista.
Por su parte, Víctor Manuel Ruiz manifestó que la obra es una parte muy humana de los bailarines de la compañía: «Es una visión contemporánea de cada uno de los intérpretes, es salvaje, es brutal y físicamente perturbadora».
Sobre la música, el maestro José Arián explicó que los sonidos en La consagración de la primavera son evidentemente sexuales y hacen referencia al cuerpo en una época a principios del siglo XX en la que se vio como una transgresión.
«No hace referencia a la mente o al espíritu, o a la grandeza del siglo XIX o al romanticismo de quienes somos, es regresar a nosotros como cuerpo vivo, brutal, sexual y eso es una revolución absoluta, a nadie se le había ocurrido utilizar el ritmo como ese elemento, entonces lo que la orquesta hace es regresar a ese privitivismo que en ese entonces en Europa se estaba viendo por primera vez con el arte de África, Tailandia y Japón».
Consideró que no hay nada que se parezca menos que Bolero de Ravel y La consagración de la primavera, pues a pesar de que son obras del siglo XX y de dos gigantes de la composición, ambas son obras rítmicas en sentidos distintos.
«Bolero se basa en la repetición continua y obsesiva de una sola melodía y de un solo ritmo todo el tiempo, regular y simétricamente para encontrar un viaje que va desde ese momento en que entra la flauta sola hasta donde tienes esta orquesta de 90 músicos en una explosión climática, orgásmica del momento musical».
Para el director de la OFCM, La consagración es totalmente lo opuesto, debido a que en cuanto a lo rítmico representa la violación continua de la simetría y de la expectativa, de ahí que sea tan inquietante y emocionante.
La compañía Delfos Danza Contemporánea fue fundada en 1992, con el objetivo de abrir un espacio para la creación, el intercambio, la formación y la comunicación a través de la danza contemporánea. Es reconocida como una de las agrupaciones más importantes de Latinoamérica y es residente del Teatro Ángela Peralta de Mazatlán, Sinaloa y Núcleo de la Red de Promotores Culturales de Latinoamérica y el Caribe.
«El estar en un espacio frente al mar, en contacto con la naturaleza en donde tienes tiempo para vivir y ser persona, para vernos las caras —consideró Claudia Lavista—, nos ha dado una gran base que nos permite tener un equipo de bailarines con un compromiso absoluto que no se dedican a otra cosa que bailar en la compañía y dar clases en su sede».
Adelantó que Delfos se presentará el 13 y 14 de julio en el Teatro de las Artes del Cenart con una pieza dirigida al público infantil y el 6, 7 y 8 de septiembre en la sala Miguel Covarrubias con La consagración de la primavera para dos pianos y ensamble de percusiones.
En la actualidad Delfos se caracteriza por su diversidad estética y la participación de bailarines que oscilan desde los 20 hasta los cuarenta años de edad, tres de ellos fundadores de la compañía y el resto, alumnos egresados de la misma.
La directora destacó que la agrupación crece de manera natural y cree que la vida cotidiana no está peleada con el arte: «Delfos es un proyecto vital, un proyecto de vida, quizá por eso hemos podido subsistir como compañía, por otro lado, no nos mantenemos cómodos, siempre vemos hacia dónde vamos».
Víctor Manuel Ruiz agregó: «Todo lo que nosotros hacemos debe tener un sello de calidad indiscutible, somos obsesivos con eso tenemos muchísimo trabajo de investigación pero también pensamos en el hecho escénico y lo que vamos a presentarle al público».
La consagración de la primavera y Bolero de Ravel a cargo de la compañía Delfos se presentará este 15 de junio a las 18:00 horas y domingo 16 a las 17:00 horas en el Palacio de Bellas Artes. Localidades desde 80 hasta 300 pesos.










