Published On: Mié, Feb 29th, 2012

De seguir a la baja la producción de alimentos en México, «lo que nos espera es el despeñadero», afirman ecnomistas agrícolas

En cinco años los precios de los alimentos aumentaron 100 por ciento, mientras que los salarios de la clase trabajadora lo hicieron en 20 por ciento.

En cinco años los precios de los alimentos aumentaron 100 por ciento, mientras que los salarios de la clase trabajadora lo hicieron en 20 por ciento.

Expertos de diversas disciplinas del sector agropecuario y forestal, y representantes de 15 universidades del país, así como agrónomos egresados de 12 instituciones académicas superiores, analizan y preparan un estudio que han denominado «Plan de Gran Visión para el Desarrollo Agroalimentario de México».

«Si México sigue por el camino que va, de negarse a dar un apoyo incondicional para la reactivación del campo, de minimizar su importancia social y económica, el país se conducirá directamente al despeñadero», afirmó categórico el doctor Manuel R. Villa Issa, coordinador del tema de «Seguridad Alimentaria» del referido Plan y añadió que tenemos que corregir el camino de manera drástica, como lo recomiendan expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y analistas de organizaciones no gubernamentales.

El doctor Villa Issa se refirió al aumento de los precios de los alimentos y de los salarios de la clase trabajadora, cuya diferencia es la determinante de la pobreza que afecta a más del 50 por ciento de la población en México.

«Los precios de los alimentos en nuestro país han subido aproximadamente el 100 por ciento en los últimos cinco años, mientras que los salarios de los trabajadores, especialmente de las zonas urbanas, llegan a un promedio del 20 por ciento. Este no es un periodo largo; es el breve espacio de un lustro», y explicó que las revisiones salariales en general, se ubican entre el 4 y 6 por ciento anual.

De la misma manera, la situación económica familiar se agrava si se toman en cuenta los descuentos por inflación real. Entonces el resultado es cero en los ingresos de los trabajadores mexicanos. «Esto significa que el ingreso de las familias se ubica en cero en los últimos cinco años», lo cual comparado con un incremento de los alimentos del 100 por ciento en términos reales, la situación es realmente grave.

Lo que nos dice este breve análisis, dijo, sobre el ingreso per cápita de la gente que trabaja, es que las familias mexicanas, como un gran agregado en el país, son más pobres ahora que hace cinco o seis años. Así de sencillo», sostuvo el doctor Villa Issa, quien cuenta con una experiencia política y administrativa en el gobierno federal por más de 40 años. Fue diputado federal, subsecretario de Agricultura, director general del INIFAP, director del Colegio de Puebla e investigador de tiempo completo en el Colegio de Postgraduados.

Esto tiene implicaciones muy delicadas para un país como México que, por una serie de políticas equivocadas que se han venido practicando, de no dar la importancia social y económica a los productores del campo, se ha puesto en riesgo la soberanía y seguridad alimentaria del país.

No puede ser que los mexicanos estemos importando poco más de un tercio de las necesidades de demanda de alimentos, expresó con asombro.

La lectura que nos dice esta relación, es que el costo de lo que estamos importando, ha subido al doble, y el problema fundamental que se nos presenta, es cómo pagar esas importaciones, si el ingreso de los trabajadores mexicanos no crece al mismo ritmo que los precios.

En otro contexto pero en el mismo renglón de las importaciones de alimentos, diremos que México es el segundo importador de alimentos básicos, sólo superado por Japón. Esto en cuanto a maíz, frijol, trigo, arroz, oleaginosas, leche, carnes de las diferentes especies.

«Pero hay que aclarar que Japón es un país que tiene solamente 5 millones de hectáreas de cultivo, y nosotros tenemos 30 millones. El país ‘del sol naciente’ tiene 140 millones de habitantes y nosotros 110 millones. Esto nos indica que no hay manera de comparar una cosa con otra, comparar a México y a Japón, solamente porque el país de Oriente ocupa el primer lugar en cuanto a compra de alimentos en el extranjero. Habría que señalar que Japón paga esas importaciones con productos industriales, automóviles, computadoras, televisiones, tecnología, etc., y nosotros lo hacemos con petróleo.

En otras palabras, dijo el investigador Villa Issa, lo que pasa en México, simple y llanamente, es que «nos estamos comiendo el petróleo». Sin embargo, la crisis alimentaria que vive México, es una situación que no se puede mantener por mucho más tiempo.

Tenemos, forzosamente, que reactivar la producción de alimentos en el campo. No podemos mantener al sector rural indefinidamente con paliativos, con programas asistencialistas, con altos subsidios sin resultados, cuando hay un potencial productivo y de mercado interno de grandes dimensiones. Los campesinos solamente piden que se reconozca su esfuerzo, su trabajo y se pague lo que le corresponde por sus productos.

La FAO recientemente ha hecho un pronóstico, una proyección de lo que está ocurriendo con México en materia alimentaria. Básicamente dice que, si México no cambia de manera drástica su política alimentaria, dentro de 20 años estará importando el 80 por ciento de lo que nos comemos, lo cual es fatal.

México no está muy lejos de que pueda llegar a una situación de crisis social y económica, porque la población está empobrecida, no tiene dinero. Ya hay en parte del país puntos conflictivos por estos detalles. El más reciente fue el de la región Tarahumara. Es un problema muy serio, pero en otras regiones existen las mismas condiciones o peores, que no se han publicitado ni trascendido a la opinión pública por diversas razones, pero debemos tener presente en muchas partes de nuestro México «la gente ya tiene hambre».

El caso de México se estudia a nivel mundial, en el sentido de qué hizo nuestro país para convertirse en importador neto de muchos productos. Y la crítica surge, porque el país exportaba grandes cantidades de alimentos, era netamente productor, y ahora es un país importador de alimentos.

Genéricamente hablando, lo que se tiene que hacer como país, es plantear una política de Estado de largo plazo, muy consistente, que permita trabajar en una proyección de 20 a 30 años, y no hay que olvidar que el Congreso de la Unión ya elevó a rango constitucional el derecho a la alimentación, y un medio renglón de esa ley, en el Artículo Cuarto, dice: «El Estado garantizará los alimentos para el pueblo…», y entonces el Estado los tiene que garantizar. Allí está escrito.

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