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Momento Diario | En el vértice de Puebla

De primera a Tercera

redaccion by redaccion
mayo 17, 2011
in Columnas

Campo Daniel Jarquín Zayas

 

Esto fue relatado el 10 de abril de 2010.

Danielito Jarquín Zayas

Dr. Cervantes: -¡Qué forma de pararse a batear, como los grandes!

Todavía siento rabia de pensar que hayan asesinado a mi niño

El frente de la capilla

La señora Victoria Castillo me decía:

Jaime, cuando voy al panteón Jardín en Oaxaca a ver a mi papá, hay una capilla muy rara, se distingue de las demás, todo es béisbol por fuera y por dentro.

Los vidrios tienen labrada la imagen de un niño vestido de beisbolista, en la pared posterior por fuera tiene dibujado un campo de béisbol, adentro tiene, bats, guantes, pelotas diplomas, copas, retratos de béisbol.

Siempre esta ahí un señor sentado a veces desde temprano, debe ser el papa, dicen que a veces está, hasta a media noche.

Movido por la curiosidad fui al panteón que me habían descrito.

Y efectivamente me pareció extraordinaria la capilla, por todos lados se veía lo relacionado al béisbol.

Tomamos unas fotos desde fuera.

Me impresionó; yo nunca había visto semejante cripta y hemos caminado mucho.

Me fui de inmediato a buscar al papá a las afueras de Oaxaca, camino al Istmo, lo encontré, me presenté; amablemente me recibió, le expliqué a lo que iba.

Y me decía: mi hijo se llamaba Danielito Jarquín Zayas y yo soy Bertoldo Jarquín Mendoza.

Doctor; la verdad es que me cuesta trabajo entender que Danielito se me haya adelantado.

Yo le preguntaba:

– Y ¿por qué lo mataron?

– ¡Por envidias, tal vez económicas y sociales!

Danielito era un hijo especial, un niño totalmente diferente a mis propios hijos, digo que era diferente porque tenía tantos detalles, que no pasaba un día en que no me dijera, que me quería.

Nunca se me va a olvidar la fecha ni la hora de esos momentos difíciles y dolorosos, parece mentira, una pesadilla.

Recuerdo ese jueves de béisbol, 10 de diciembre de 1998, minutos antes de que yo saliera de la casa, como a las 3:30 de la tarde, ese día él entrenaba béisbol con el equipo Los Pericos.

Lo veo vestido de beisbolista, le quedaba el uniforme precioso, a la medida, lo veo salir y le pido que no fuera a entrenar.

Para él, no ir a entrenar un martes o un jueves, era el peor castigo, y me dice:

– ¿Por qué papi?

– Te digo que no vayas, porque no voy a tener la oportunidad de llevarte, porque voy a hacer un trámite de emplacamiento, pero te pido de favor que no te salgas de la casa, tu mamita tiene algunas actividades.

– Papito por favor quiero ir.

En el club tenemos el compromiso de llevarlo y traerlo como todos los padres celosos de la integridad de su hijo.

Ese día no quise que fuera solo con alguno de los padres.

Me voy al carro, estaba a escasos 20 metros; y me llama

– ¡Papi!

Me regreso de reversa, y le digo:

– ¿Qué pasó mijo?

– Se me olvidó decirte algo

– ¿Qué pasó mijo?

– Recuerda que te quiero mucho, que Dios te cuide, que Dios te bendiga.

Fueron sus últimas palabras de mi flaco, no me extrañaba en ese momento y no me preocupó de que algo le fuera a pasar.

Danielito estaba más apegado a mí.

En todos los casos dicen que los niños con la mamá y los niñas con el papá, Danielito era extremadamente apegado a mí, me resultaba muy extraño.

Arranqué el carro y me fui.

Como a la media hora o cuarenta minutos, en ese entonces con los vipers, mi esposa me mandó un mensaje y me decía:

– ¡Danielito no aparece en la casa!

Se me cayó el mundo, – y le conteste:

-¿Cómo es posible hija?

– ¡No, pues no está!

– Haber por favor búscalo en casa de los amiguitos, ahí cerca.

JAIME CERVANTES PÉREZ

 

Tags: Daniel Jarquín Zayaspanteón Jardín en Oaxaca
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